domingo, 21 de agosto de 2016

TRIPOLAR.


TRIPOLAR.





Soy un tipo extraño, vesánico; me confieso partidario de la frenología. Además siempre he considerado un hombre “precursor” a Franz Joseph Gall, de la conducta humana, de sus múltiples funciones, y maravillosas problemáticas. Un “elegido” para buscar entre los “castillos de la ciencia”, la escalera “escondida”, que sin duda, nos llevará al conocimiento de la complicada mente. Aunque me gustaría añadir en este espacio que, Gall, tiene o presenta ciertos rasgos específicos (fácil de localizar) en su testa, que lo ponen como una evidente víctima de una terrible enfermedad mental. Y además presenta algunas protuberancias craneales, y las medidas topográficas de su cerebro (según un estudio realizado por el que escribe), son por mucho las de un ser enfermizo y mórbido. Estaba “bendecido” por un tipo de demencia, que hace “pensar” a quien la padece: que él es un ente sano y brillante e intelectual.
Las teorías “poéticas” de Jung, me siguen causando un interés desmedido. Hasta he considerado su trabajo más relacionado con la liturgia del arte, que con el conocimiento de la razón humana. Su veneración por la literatura budista y védica, es para él hasta una forma especial de religión, salvadora del “alma” personal y colectiva de Occidente. Es un buscador incansable (tenaz), que se sumerge en la aguas cristalinas (“sacrosantas”) de Buda, Brahma, Vishnú, Kali, Rama, y demás, (corrientes orientales). Donde cree encontrar: una sanidad mental (“eterna”), llena de mantras, yoga,  que puedan llevar al hombre si no a la “iluminación”; si cuando menos, a la “normalidad” psicológica.          
E inclusive me considero un freudiano clásico, con todas las ventajas o locuras que conlleve esta aseveración. El trabajo psicoanalista de nuestro estimado Sigmund, es en verdad la mejor “obra literaria” que jamás haya leído. Está escrita en una bella prosa críptica, simbólica, alegórica, que hace que cualquier ávido lector, llegue al clímax intelectual y estético al leer cualquiera de los libros del insigne “padre” de la psiquiatría moderna.
Desconfío de los nuevos teóricos del psicoanálisis, de sus métodos inconclusos, y hasta de su capacidad personal, para llevar a cabo semejante empresa. También señalaré que han perdido su alma “artística”, y se ahogan en el mar del eclecticismo. La mayoría no se atreve o no puede realizar un trabajo “completo” o general de la psique, con los riesgos que esto implica. Seres amorfos que no se aventuran (o se comprometen) de forma seria y formal, a buscar otros caminos, otras vías, para rescatar la salud del “espíritu”, “alma”, que se encuentra atrapada en la celda de la sin razón.
Tengo una tendencia (agrado) clara y precisa por ciertas etapas específicas de la “maldita y/o bendita” antigüedad. Además me intereso (de sobremanera) por algunas circunstancias de los individuos, donde éstos, se encuentran atrapados en su mayoría… en el siguiente status: La locura funcional; y por una selecta minoría, que ha sido “iluminada”, por eso que llaman la demencia, desvarío, delirio, y hasta han llegado a recurrir (para señalarlos) a la expresión cruel y despiadada: Vesania.
Yo soy un claro ejemplo de un desquiciado, muchos “estudiosos” de mi conducta me han diagnosticado con este título y algunos con epítetos de mayor “relevancia”. Mis gustos son de un orden exquisito y hasta “espiritual”. Nunca podré olvidar los cinturones de castidad (“objeto moral”); que algunos hombres utilizaban para dejar en buen resguardo a sus mujeres, para que no fuesen presa de los “abomínales” celos y la desconfianza. Individuos que tenían que partir a un viaje de negocios; o ser partícipes de alguna guerra necesaria (inevitable); o realizar un “vuelo” psicológico, hacia el “país abstracto” de la preocupación marital, y convertirse en víctimas del amor desmedido, patológico. Aunque a mí me interesa como objeto de placer, me levanta las más bellas pasiones, y los sentimientos más mórbidos. Considero a estas damas “sometidas”: unas golfas involuntarias, que hacían maravillas con sus manos, con sus cálidas bocas, con sus eróticos anos, y con esos pechos henchidos del máximo placer… Lo que menos importaba era  la famosa llave o los servicios del cerrajero. Todo era un ritual de sexualidad incomparable.
También hacen explotar mi cerebro “en estado de interdicción”, cuatro monjas de hermosura suprema, de piel extremadamente blanca, de ojos azules, y cuerpos perfectos. Recluidas en algún convento del Medievo: revolcándose en alguna celda austera, y de piadosa construcción material. Teniendo como testigo principal de sus inquietantes y encendidas pasiones a la madre superiora, la cual, espera con desesperación, ser convidada a semejante festín de placer desmedido y pleno. Mientras se escucha el sonido límpido de una campana llorona, y los repetidos cánticos y rezos que invaden el entorno “sagrado”… Y ¡ahh!, el olor exquisito del incienso místico; los cirios ardientes, donde las flamas muestran rostros de diversas formas y actitudes…
Me vuelve loco la vestimenta de la mujer antigua; siempre y cuando fuese guapa y de un cuerpo antojable y primoroso. Nos dejaban mucho a la imaginación y a la dominante pasión del hombre sexual. Vestidos largos, frondosos, de diversas telas, y algunos aditamentos para resaltar la belleza. En realidad era muy poco lo que podía mostrar al eterno enamorado o al vidente furtivo, pero… ellas (apasionadas por naturaleza) sabían como excitar a sus fieles admiradores, y lo más importante así mismas.  Cuando el “calor se sube a la cabeza”, las féminas son expertas en las lides sexuales. No usan ropa interior, verbigracia: el reglamentario sostén, y el menos encantador calzón, haciendo que la ropa del exterior, las acaricie todas; mientras sentadas, quizá leyendo una novela de amor, sus cuerpos vibran como un violín antiguo. El pretendiente llegaba a visitar a su “prometida”, amante o amiga, y esperaba el momento oportuno, para levantarle ese vestido “incómodo”, y poder ver en toda su plenitud el divino cuerpo ardiente de la mujer deseada. No existe mayor “objeto” de veneración que el cuerpo excitado, trémulo, palpitante, y lleno de pasión desmedida, hasta la locura, de la mujer en espera de un coito. Ella, es la iglesia, y el hombre el feligrés… Los sonidos de pasión de diez hembras en brama, son la mejor melodía que mis oídos jamás hayan escuchado.
En este momento que estoy hospedado (voluntariamente) en el manicomio de una ciudad, donde todo el día llueve tristeza, y el viento trae consigo un puñado del más cruel dolor… escribo estás líneas incoherentes, y oscuras, negras. Pero qué le vamos a hacer, si tan sólo soy un hombre de mediana edad, que padece de alucinaciones, y de cierto dolor psíquico. Tengo junto a mis huesos (de plata) a la psiquiatra, que desnuda y excitada, me dice: ¡Te amo! Una enfermera de nombre Nubia, que me está lamiendo el falo erecto, y exclama: ¡Me vuelves loca! La médica general (de algunos 26 años) que inquieta nos besa a todos los copartícipes de la sesión sexual, mientras aúlla: ¡Oh, oh! Tenemos vino francés, cigarros verdes, y una lluvia de “polvos cósmicos”. 
Yo estoy bien, perfecto, hasta sublime. Lo único que no recuerdo (ahora) es mi nombre, ni siquiera mi número de paciente… Todo vibra al compás del amor sexual. Y hasta las paredes blancas del lugar donde me encuentro, se abren de piernas, mostrando todo el esplendor de su vagina cálida. Todo huele a pasión a frenesí, el cual se impregna en mi piel, como una sanguijuela. Mis mujeres en estado de arrebato amatorio, despiden un aroma muy parecido al de Afrodita, cuando sale desnuda del embravecido mar, buscando mis brazos… Hasta la luna desnuda, presa de una fogosidad explosiva, se desprende de su sitio habitual, y cae en la cama de mis enardecidos deseos. Hoy todo se mueve (en este momento) entre caderas perfectas, pechos rosáceos y de diversos tamaños, pieles de diferentes tonalidades y esencias, talles disímiles, piernas bien torneadas, glúteos de ensueño, clítoris en fuga, vulvas húmedas, labios carmesí, y lenguas serpenteantes.       
Y ustedes, hombres normales, medianos, promedio, buenos ciudadanos, ¿cómo se encuentran?



EL SEIS
(Copyright)   


  

CRAPULARIO: (Colaboradores de Ave de Metal).

La mutilación de la esperanza.

Elige sus alfileres.
Los clava, uno a uno, con cuidada suavidad.
Me lacera sin perder la sonrisa.
Busca la fragilidad de mis pies,
las piernas desnudas,
la boca amarga,
lo ojos desgarradamente abiertos,
este vientre atravesado por impiadosa cicatriz.
Muñeca de seda. Guardiana de púas.
La Torpeza de la verdad como única defensa.
No se oirá un solo ruego.
Mi victoria es el silencio.
La suya, dejar mi corazón intacto


NANCY CÁNEPA



Casi verano en el sur.


Tan amigable, el verano, con sus cuchillos de plata
y sus pájaros desvelados.

Sin embargo alguien perdió su estrella.

Quién ha desahuciado mis dedos,
quién clausuró mis labios
y anestesió mi boca.
Quién olvidó el amor entre mesas rojas y pasillos estridentes.
Quién dijo qué cosa cuál de esos días.

Cómo se mide el tiempo de la ausencia
si no es con besos muertos.



NANCY CÁNEPA.



Amores
La noche huele a madreselva, a tierra mojada de lluvia.
Mis libros y yo sabemos que será larga.
Los miro, paso mis dedos sobre sus lomos con caricia de amante.
Mis ojos besan sus portadas. Los abrazo. Los suelto.
Ahí están sobre la mesa. Las páginas estremecidas, esperan.
Me recojo el pelo
¡Mírenme, libros!
Descubro mis hombros
¡Sedúzcanme, poetas!
Estaremos juntos hasta el amanecer
mis libros y yo
para existir en la palabra.


NANCY CANEPA.



Su nombre en mis labios,
caricia y eclipse.
Las luciérnagas eran puntitos de luz
y nos trepábamos al guayabo
para hacerlo florecer.
El lenguaje de los cuerpos,
sabor a fruta cuajada en primavera.
Un grito espantaba a los pájaros
y nuestras risas eran cascabeles
en la noche sin pasado.
Néctar para mi amado,
para mí, una gota de rocío.
Cortábamos flores blancas para los altares
de los dioses que no adorábamos
y siempre, casi sin querer,
una se enredaba en mi pelo.


NANCY CANEPA




LA PARCA BLANDE SU GUADAÑA.

Nadie tiene nombre
Ni siquiera el objeto
Que le llamamos cuerpo:
Quizás
Es envase de pasiones.
Desangrándose...

O será pues...
Un vacío eterno
Que nos recuerda la muerte: Aullándonos.

Nos desaparecemos
Maullando nuestras desgracias
Sobre los tejados del cosmos.

Somos gatos verdes desollados...

El SEIS.



NÁUFRAGOS LASCIVOS


Su boca es nido de uvas rojas
donde brotan borbotones de vino
y cuando me besa me embriaga
es un racimo de higos maduros
que suelta sus mieles
sobre mi lengua serpenteante
es también la mítica ambrosía
que baña mis fauces anhelantes
y hasta observo varias diosas decapitadas

Es su cuerpo desnudo un mar ardiendo
y el ruido de las olas son sus orgiásticos
gemidos

Es océano embravecido/ que vuelca sobre su cuerpo
las embarcaciones de noctámbulos pescadores de sueños

La bruma son sus lágrimas
cuando llora...

Eso dicen de Ella

Pero sólo es una mujer que no tiene corazón
y tiene ahí en ese espacio
un hueco sonoro
donde se escuchan viejas canciones de jazz/blues
y un lejano saxofón



El Seis.



Mi pequeño dios coquetea con la muerte
entre elíxires y ninfas complacientes.
Sus pies se hunden en arenas movedizas
y él ríe y ríe
mientras dibuja mi rostro
con gajos de niebla.
No permite que yo exista fuera de su mente:
soy la no nacida,
la costilla que no está dispuesto a perder,
la irrealidad que lo sedujo
alguna noche de ojos abiertos
y mente extraviada,
una palabra no pronunciada nunca.
El silencio redime todos los pecados
de ese, su mundo, tan lejos del sol.


NANCY CANEPA.



El viento del norte sopla y desgarra.
A su paso crujen los árboles 
y las almas de los tristes.
Avanza.
Convierte en ceniza lo que fue luz.
Avanza
y las sonrisas se vuelven muecas.
Su sonido enloquece a las fieras
y ahoga las voces de los enamorados.
Avanza.
Los desarraigados pierden el rumbo,
gritan algo que nadie comprende,
lloran con los ojos secos.
Avanza.
Quiebra las ramas de nuestro guayabo,
mancilla sus flores,
niega sus frutos.
Avanza.
Ahí estamos, amor,
con las manos heladas
y la memoria partida.
El viento nos devuelve
al torbellino ,
nos hunde en ese pozo de tinieblas,
nos quita el aliento.
Ese viento que nunca cesa,
que nada deja en pie.



NANCY CANEPA



El reptil negro

Mi espíritu no tiene
alas,
ni es parvada de 
colibríes,
mi espíritu es un agónico
reptil
que trata de atravesar
su última calle.

El Seis.


Ahora diré lo que duele 
pero es que el dolor es fuego del crepúsculo 
y la muerte duele 
la muerte de quien se ama 
ahora diré 
que sin muerte no se conoce la verdad
no mi verdad
no tu verdad
sino la verdad del todo
indefinible
inefable
como el viento sin edad
oh sí he conocido la muerte de seres amados
y sólo así vi que la vida es más que mi vida
o que la vida de los seres amados
vi que al ser ellos transformados
no nos suicidamos
lloramos sí lloramos por nosotros
y sonreímos por ellos
por qué
porque la vida no se suicida
y la verdad del todo nos susurra
que ellos permanecen vivos
y mejores.



Ramiro Lomelí 



LAS MUSAS TOCAN A LA PUERTA COMO TESTIGOS DE JEHOVÁ

la maldita creación poética
era loada, si escribías
y contabas las sílabas 
te incluían en los libros de texto,
te condenaban a ser el santuario
de las moscas;
ahora los humoristas
se hicieron del poder
y los poetas somos dinosaurios
anecdóticos y molestos;
tengo un problema,
no es un problema de esos
que exigen solución,
es un problema
simplemente tedioso
/¿debiera decir
que tenemos un problema,
o soy un caso clínico solo?/

RAMIRO LOMELI


DIOSA MALÉVOLA.
Me estoy cansando de ti/ de esos besos/ que nunca llegan/ a mi faz de sacerdote mundano/ urbano/ Nunca llueve sobre mi cuerpo de plata/ el fresco y refrescante aguacero/sobre mi ser petrificado de pasiones/ Te escondes en la ciudad de tu magnifico ser de manantiales de progesterona/ para que mi besos impregnados de testosterona/nunca te laman toda/entera/indisoluble/ Estoy aquí esperando (en este momento)/ que caigan tus ropajes morales/sobre la inquietud “perversa” de mis deseos violentos/para con nuestros amores/ hacer que explote el universo/Nadie puede convertirte/ en la musa desnuda de sol/ para mis letras incendiarias de tanto pasión/ Eres fuego/ cada que te pronuncio/ cuando te sueño toda/ y hasta cuando estás escondida/ en algo parecido a una celda mental/ allá/ junto a tus rencores de luna enfurecida/ Tienes una sonrisa estremecedora/ llena de torbellinos y arrebatos/ que cuando me miras/ hasta el “demonio” de mi locura/ desaparece” y huye/ como buscando/ un pedazo de tiempo/ en donde esconderse/ toda una vida/ No existo sin tu adorable presencia/ de diosa de mis (recónditos) e íntimos deseos/ además/ si no llegas a mi regazo áureo/ estoy cual hombre sin esperanza/ sin fe…/ y lo peor/ sin tus ternuras de incendio total…/ Soy el sol iracundo/ y tú/ la luna desnuda/ que sólo se reúnen/ cuando la posición cósmica así lo determina…
Este no es ningún canto de amor…

EL SEIS


En la noche del insomnio
invento y deshago
hechizos
con la misma mirada
alucinada.
Un nombre apretado a mi lengua.
Entonces, bebo el vino de la derrota
y apago las estrellas
para no mentirme.

NANCY CANEPA