UN TRIO DE EXISTENTES
INVOLUNTARIOS Y/O
LOS PLACERES DE LA CARNE TREMULA.
“Has sentido cuando un
sonido “infernal” trepana tu cráneo, y se estaciona ahí por algunos días,
haciéndote la vida miserable. Y por más movimientos de testa que realices, no
desaparece, no huye, no vuela, ni siquiera baja su intensidad, es retumbo
constante, que te recuerda: El palpitar de la existencia.”
“El cielo está
violento, y lo muestra con su colores, anaranjados iracundos, rojos
sangrientos, púrpuras aviesos, y hasta un índigo revolcándose entre burbujas de
rabia…”
Ella está lejos… Una
noche, cuando la luna ebria, se cayó, sobre (el sombrero de hongo), de mi
departamento azul. Mi amada (no voy a recordar su nombre) huyó, aprovechando mi
descontrol, ante tal suceso cósmico. Tomó de la mano izquierda a mi bebé (tenía
cinco años), y partió a un país lejano, en busca de encontrar su libertad. Allá
donde termina lo posible, un ejecutante de blues, elevaba una melodía, llena de
la más pura tristeza, mientras lloraba. Los signos musicales se fueron volando,
y se almacenaron en el corazón (algunos dicen que no tiene) de mi mujer blanca
y bella. Ella se fue perdiendo entre las arterias de la negra ciudad, y
corriendo (despavorida), encontró un transporte que surca el cielo, para llegar
a los senos henchidos de otra metrópoli. Yo me percaté (de manera fehaciente),
cuando una adolescente de 14 años (exquisitamente desnuda), me dijo:-- Nos ha
dejado tu compañera--. La miré, con toda calma, y encontré en ella, un cuerpo
perfecto, un olor voluptuoso, un trasero único en su género. Se acercó, a mi
cuerpo de demonio loco, y me besó, con tal pasión: que me hizo tener
alucinaciones. Le toqué los glúteos (traía un pequeño calzón rojo), con mis dos
manos, y comprendí perfectamente, que esta pequeña, era la sexualidad misma. Se
escuchó un requinto de alguna guitarra de(mente). Traté de tomar mi bebida
(vodka), y observé a Dalia, tendida en mi cama, otra adolescente de 16 años, de
pelo ensortijado, y de ojos negros, como un cuervo ebrio. –Te quiero mi Joseph,
exclamó. Traía sólo un corpiño rojo, y todo su cuerpo estaba bellamente
desnudo, mostrando todo su esplendor y hermosura. Era una jovencita de mirada
“pervertida”… Me tocó con suavidad el trono del poder (el falo), mientras de su
boca de fuego salían palabras:--Te amo con todo mi cuerpo. ¡Hazme el amor!—Me
sentía perfecto, divino, aunque… me haya dejado mi concubina… Ya no nos quiere,
pensamos los tres (yo Joseph, y mis dos mujercitas), mientras nos preparábamos
para efectuar el coito con don y maestría…
“La bóveda celeste
está ebria… o quizá enferma, nadie lo sabe con certeza, sólo hay rumores, de
que agoniza, y que pronto será devorada por un demente agujero negro.”
“El entorno se
encuentra llorando colores (explosivos) los cuales, pintan algunos árboles,
redecoran las pieles de los peces, y hasta hacen que las lágrimas sean ahora
brunas… azabaches.”
“Hay una mujer muy
bella que no tiene corazón, parece (dicen algunos) que le fue robado una noche
de amor sexual, cuando se descuidó, y su amado se alejó, llevándose entre sus
manos de neblina, el órgano vital, que parecía, que aullaba… solicitando
auxilio.”
EL SEIS.


