martes, 27 de septiembre de 2022

MUJER DESNUDA QUE HUELE A VAINILLA.

 






MUJER DESNUDA QUE HUELE A VAINILLA.

 

 

Ella tenía una obsesión por los latidos de mi corazón, lo sentía en todas sus partes: en su rostro de diosa hindú, en sus pechos de luna, en sus caderas rítmicas, y en su entrepierna hirviendo.

 

En su cuerpo había pasión desbordante, una laguna inquieta de lujuria, un bosque lleno de flores blancas con olor a almizcle, y de su pelo caían cascadas de delirios y extravíos.

 

Era una mujer con olor a vainilla y ausencias, brotaban gemidos de su ser como aves decapitadas y desplumadas, cuando hacía el amor, hasta el viento se excitaba y temblaba.   

 

El misterio de su poder además de su belleza, era sus piernas largas de ensueño, en su espalda perfecta había sombras de amores, de ronroneos, de aullidos, de saliva burbujeante, de vaho babeante.

 

 

Palmeras que dejan caer sus frutos sobre los enamorados.

 

No hay sol, sólo la luna sale de ronda.

Bajo un poste una mujer se vende, un vestido rojo le viste la piel.

Un hombre de traje raído va llorando sus desgracias, lleva en sus manos un ramo de flores marchitas.

Una dama siente su anillo de casada, mientras besa a su amante.

Una cortesana huele a axilas y ano, y llena el entorno de maravillas, como de santidad oscura, deliciosa.

 

Una adolescente festeja que es puro cuerpo, y ni siquiera cree que tiene espíritu...

 

Era un mar embravecido, con olas altas, peligrosas, donde todos deseaban nadar desnudos, sumergirse hasta el fondo, cruzarla toda, traspasarla con los remos de las manos, beberla y saborearla, y hasta ahogarse en su regazo salado. 

 

Llorar anhelos inalcanzables.

Entregarse a una sombra.

Darle toda tu vida, aunque la tengas destrozada.

Llanto de cempasúchil y semen.

Árbol donde se aparean las ardillas y serpientes.

Nubes panzonas, infladas, grises, que paren perversiones. 

 

Un joven camina enloquecido de amores, mientras sigue a una dama de nalgas exquisitas y cadenciosas.

 

Ella no tiene sombra.

Existe sollozando sexo.

 

 

Un buitre se aleja desconsolado.

Y una paloma se desnuda.

 


José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

viernes, 9 de septiembre de 2022

TU CUERPO ES UN CÁLIZ VACÍO.

 






TU CUERPO ES UN CÁLIZ VACÍO.

 

Nada era amor, ni siquiera pasión mediana.

Parecía que sólo quedaba un recuerdo lejano.

Desamor, y torbellinos de orgasmos sepultados.

Sólo cruces metálicas, cargaban sobre el mar de sus sexos.

El cáliz estaba lleno de lágrimas y ostias negras.

Sus corazones ya no palpitaban deseos, ni suspiros lúbricos.

Árbol que llora odio.

Viento que rasguña.

Vendaval onanista.

Enredadera que sube y busca un cuerpo cálido.

 

Sexualidad escondida bajo la piel, que no emerge nunca.

Vestimentas medievales, que cubren todo el cuerpo "pecaminoso".

Contener con rezos en latín, la sangre y la humedad que brota como manantial.

Flagelarse cuando llega la voluptuosidad, y repetir letanías de arrepentimiento.

Morderse los labios hasta que sangren, y jamás besar otros prometedores y carnosos.

Cuerpos suculentos y exquisitos, que las mentes los esclavizan.

Manos que acarician piedras y camisas de fuerza, en lugar de muslos en llamas.

Lenguas que sólo sirven para alabar dioses muertos, y no para lamer pieles, huecos, labios...

Juntar en un recipiente de nubes los coitos no realizados.

 

Se miran y se penetran los pájaros ebrios de cielo.

Las flores abiertas de piernas esperan un colibrí, para que las chupe.

Se caen los frutos excitados y se despojan de sus vestidos de cascaras, muestran su desnudes...

Seis árboles mueven sus ramas placenteramente, y arrojan lluvia de hojas y semillas.

Se retuercen entre el pasto fresco dos conejos que copulan, y su pelaje brilla.

 

Las nubes muestran sus traseros.

El sol se masturba en llamas.

La luna muestra sus pechos de plata.

 

Y el cielo lanza el semen como lluvia.

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.