TU CUERPO ES UN CÁLIZ VACÍO.
Nada era
amor, ni siquiera pasión mediana.
Parecía que
sólo quedaba un recuerdo lejano.
Desamor, y
torbellinos de orgasmos sepultados.
Sólo cruces
metálicas, cargaban sobre el mar de sus sexos.
El cáliz
estaba lleno de lágrimas y ostias negras.
Sus
corazones ya no palpitaban deseos, ni suspiros lúbricos.
Árbol que
llora odio.
Viento que
rasguña.
Vendaval
onanista.
Enredadera
que sube y busca un cuerpo cálido.
Sexualidad
escondida bajo la piel, que no emerge nunca.
Vestimentas
medievales, que cubren todo el cuerpo "pecaminoso".
Contener con
rezos en latín, la sangre y la humedad que brota como manantial.
Flagelarse
cuando llega la voluptuosidad, y repetir letanías de arrepentimiento.
Morderse los
labios hasta que sangren, y jamás besar otros prometedores y carnosos.
Cuerpos suculentos
y exquisitos, que las mentes los esclavizan.
Manos que
acarician piedras y camisas de fuerza, en lugar de muslos en llamas.
Lenguas que
sólo sirven para alabar dioses muertos, y no para lamer pieles, huecos,
labios...
Juntar en un
recipiente de nubes los coitos no realizados.
Se miran y
se penetran los pájaros ebrios de cielo.
Las flores
abiertas de piernas esperan un colibrí, para que las chupe.
Se caen los
frutos excitados y se despojan de sus vestidos de cascaras, muestran su
desnudes...
Seis árboles
mueven sus ramas placenteramente, y arrojan lluvia de hojas y semillas.
Se retuercen
entre el pasto fresco dos conejos que copulan, y su pelaje brilla.
Las nubes
muestran sus traseros.
El sol se
masturba en llamas.
La luna
muestra sus pechos de plata.
Y el cielo
lanza el semen como lluvia.
José Alberto Capaverde.
El Seis.

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