martes, 28 de junio de 2022

ES TU CUERPO NIEBLA LUJURIOSA.

 




ES TU CUERPO NIEBLA LUJURIOSA.

 

Tu pubis le canta al fauno urbano.

Ninfa asesina.

Codician y olfatean tus bragas nocturnas.

Un mono se roba el llanto.

El olor que invade la cantina, eres tú, excitada.

Lloran los árboles, y sus cortezas se agrietan.

Un monje medita, en pechos de bruma. 

Relojes que se comen el tiempo.

Amor que no cabe en tu pecho.

Odio almacenado.

Deseo entre laberintos.

Leche que brota desde dos esferas de carne.

Miel.

Ambrosía.

Soma.

Tu cuerpo fogata a las dos de la mañana.

Cabello ensortijado, que cae hasta tus glúteos.

Besos que los disfruta el viento.

Boca de nieve.

Lengua de membrillo.

Dientes de leona.

Se desploma el sol, estaba mirando tu tanga.

Unos monaguillos se columpian del cielo.

La campana llama a la seducción.

El badajo se erecta.

El sonido se desnuda.

Tu mirada se convierte en sismos peligrosos.

Se menean y retuercen los locos.

Le gritan a la luna de tus ojos.

Se tocan, y estremecen, pensando tu figura.

Desean a llanto erótico.

Se sacan los ojos.

Aman cuerpos, nunca almas...

Extraerles el alma con electrochoques.

Tú abres las puertas del deseo y del ensueño.

Eres pasión desbordante.

Espejo que sólo refleja tu figura.

Ríos y mares brotan por la boca.

 

Nunca lloras, pero si arrojas hijos e higos.

Arrojas ceniza a los profanos.

Besos largos, y húmedos, a los enamorados.

 

Mariposas que llenan las chimeneas de colores.

 

Cuando cruzas las piernas, brota y nace la luz...

Muestras los pechos y son soles iracundos.

 

El paraíso no es un cielo en calma, eres tú desnuda.

Glúteos místicos.

Pechos de hiena.

Corazón de ayahuasca.

Manos ensangrentadas. 

Muslos ardientes.

Piel llena de sudor y libido.

 

Hasta los esqueletos se levantan, para deleitarse.

 

Diosa lasciva.

 

No eres de nadie.

No te perteneces.

 

Eres niebla sexual.

 


El Seis.

lunes, 27 de junio de 2022

ELLA Y ÉL, DEMONIOS VOLÁTILES.

 





ELLA Y ÉL, DEMONIOS VOLÁTILES.

 

Él, universo hecho gemido.

Ella es un pez que nada sobre el pavimento.

Él arroja ángeles degollados en su semen.

Ella tiene un demonio en su vientre.

Natalicio innombrable.

Muerte ebria y sin guadaña.

Ella la despótica.

Él es sonriente domador de mariposas.

Ella con pechos de luna dormida.

Se cae el cielo, todo.

El odio nunca vuela, pero si atraviesa corazones.

Fatal.

Insano.

Casual.

Pecado.

Dolor que retuerce las carnes de perro.

El amor ha muerto.

Ella abierta de piernas sobre un tablón de madera.

Humo.

Nubes.

Vísceras.

Él adora buitres.

Ella palomas.

Están tan lejanos.

Perdidos.

"Muertos".

No se encuentran sus bocas, sus muslos, musgos...

Torre de marfil.

Espejos donde nadie se ve.

Inexistencia.

Pianos con dedos insepultos.

Ella y él, debieron poblar una ciudad.

Llenar todos los rincones de niños blancos, y niñas con trenzas.

Todo se desmorona.

Fenece.

Se parte en dos la tierra.

Llora una partera.

Una placenta se mueve.

La sangre es un río.

El grito de un infante.

Nadie ama.

Todos desean.

 

El Seis.

viernes, 24 de junio de 2022

TULIA.

 





TULIA

 

Ella siempre me veía; aunque el cielo estuviera obscuro. Me encontraba entre las infinitas formas que tienen las nubes. Se quedaba mirando por largas horas la bóveda celeste (para ella el tiempo no existía); no le daba el valor común que le dan los individuos. Ella podía pasarse “todo el tiempo del mundo”, observando un arcoíris lejano (sui generis). La capacidad de sus ojos había perdido el color; ahora sólo veía en blanco y negro. En una ocasión se quedó por tres meses mirando un buitre; el cual estaba cerca de su ventana, esperando la muerte. En todo momento miraba mi rostro dentro de su corazón; decía: que ahí tenía marcado su gran amor.

 

Un Médico pasó ebrio, buscando un paciente, para burlarse de él.

Mientras una enfermera hermosa, besa con ahínco el pene de un paciente.

Una joven llora la muerte de su querido esposo. Las lágrimas parecen que laceran el rostro fino de la morena señora.

Un especialista (en medicina) trata de conquistar a su cliente (ya no son pacientes); y éste encantado cae ante los “embrujos” del homosexual. A lo lejos son dos “mujeres amorfas”, que se desean.

A un enfermo del corazón lo abren cual animal (cerdo); operación a corazón abierto, para sacarle todo el odio contenido.

Mientras Tulia; me mira en una pastilla psicotrópica, y susurra: ¿Dónde estás mi amor? En el recipiente del agua, mira mi cuerpo, y se excita hasta la locura. Su cuerpo y su mente giran alrededor de mi maravilloso ser. A un señor de camisa blanca le comunica que es importante para ella, mi presencia. También a la licenciada en psicología le confiesa que está enamorada de mis huesos fosforescentes. Y hasta a los pocos “amigos”; como son, las nubes, la luna, el cielo, un ave, les hace saber que me necesita urgentemente. Por las noches aúlla; cual loba herida de pasión.

Sencillo. Los trabajadores de la salud; la someten a unas buenas terapias de electrochoques. Con la clara finalidad de que esté un poco más calmada, más quieta, más manejable, más consigo misma.

Todo pasa como en cámara lenta; mientras caminas con una pequeña dosis de opio en tu cerebro. Nunca pensé ir al hospital psiquiátrico, jamás. Pero mis piernas no me pertenecían, y me encaminaron hacía el nosocomio de locura. Me sentía un gigante con alas; y en momentos parecía que volaba un poco.

Hice algunos trámites de rigor, y me dejaron ver a la “loca”, así se expresaban en ese lugar extraño.

Me acompañó una linda servidora de la salud, y en el transcurso me iba platicando, algunas cuestiones triviales. Pero estaba palpitante de una extraña belleza. Me dijo algo así como que me deseaba. Pensé: no estoy escuchando bien. Pero cuando puso sus brazos en mis hombros y me besó, supe que había escuchado perfectamente. ¡Oh, Leoncio, en verdad eres guapo!, me dijo. Sacó de entre sus ropas una jeringa con heroína, y me la mostró, tratando de seducirme con semejante droga. Miré su perfecto cuerpo; y también su antojable alcaloide, que terminé por caer en sus redes. Iniciamos nuestra liturgia sexual-erótica desde el lugar para enfermos; y luego nos dirigimos al departamento de Aurora, así estaba escrito en su tarjeta de presentación que le colgaba del cuello. En el camino me dijo: Siempre esperé que fueras así; un tipo extravagante, guapo, vicioso, elegante, y culto. Recogí esa imagen por las narraciones de Tulia; ella te idolatra. Le levanté un poco la falda blanca y le  miré un glúteo, y me percaté de su perfección. Estoy muy bien, dijo mi nueva mujer, mientras se desabotonaba el pecho, para mostrarme sus glándulas mamarias. Nos fuimos tomados de las manos; con un rumbo fijo y un plan inmediato: hacer el amor, y drogarnos un poco.

Un médico X, decía que Tulia, era una esquizofrénica; mientras él se masturbaba mirando a su madre. Era un caso muy confuso.

Otra psicóloga opinaba que la enferma mental padecía psicosis; y que era un caso muy lamentable. Pero esta profesionista tenía relaciones sexuales con su hijo, un jovencito de algunos 14 años de lujuria.

Todo era el caosssssssssss.

Tulia, seguía mirando mi rostro en el hueco de su corazón, donde mis palabras sonaban como una maldición. Dicen, que todas las mañanas entona mi nombre, y lo pronuncia como una triste letanía.

 

EL SEIS.

viernes, 10 de junio de 2022

MI PSIQUIATRA RUBIA.

 




MI PSIQUIATRA RUBIA.


María me dijo con voz grave: ¡Mátame! Mientras pronunciaba semejante palabra, yo el demente, del manicomio privado: El Paraíso Artificial, me le quedé mirando absorto. Mientras la observaba y escuchaba a plenitud, mi corazón latía más fuerte, y mi respiración aumentaba. Estaba a punto de lanzarme sobre su cuerpo y "comérmelo" todo.

Ella, era mi psiquiatra, a la cual, le había comentado mis problemas mentales. Todo empezó con una pregunta de ella: ¡Cuéntame tus obsesiones! Le dije que me gustaría hacer el amor con ella, y que siempre por las noches la soñaba desnuda, con una flor marchita en su cabello rubio. Añadí (sin ningún miedo) que le levantaba el vestido, y le hacía a un lado la bombacha, y la penetraba por ambos huecos calentitos. Pensé, con esta confesión quizá me hará beber algunos nuevos psicotrópicos, o me aplicará una sesión de electrochoques, pero mi amor sexual por ella bien valía la pena... Me quedé callado, en espera de que sus labios pronunciaran algunas frases, y las letras (de su boca) se fueran volando, y gritando de pasión...

Se acomodó como es menester, para esas lides sexuales, y lo hizo precisamente como a mí me fascina, y había soñado. Me acerqué suavemente, me saqué el falo (en llamas) de mi bata blanca (de enfermo), lo apunté al umbral de su vagina, presioné con tal maestría y perfección, que gritó: ¡Mi Dios! Iba a decirle que Dios no existía, pero no era el momento preciso, por lo cual me dediqué a hacerla mía. Gritaba, gemía, aullaba, lloraba, y decía palabras "nada" propias para tal efecto: Más y más, fuerte papi, con todo, muévete, ritmo, fuerza, velocidad, rapidez, amor de mi vida...

Volvió a gritar ¡mátame!, y estuve a punto de hacerlo, saqué una cuerda delgada, con la cual pensaba ahorcarla. La médica con calma, me explicó: No, así no. Mátame de placer, mi amor. ¡Oh!, comprendí perfectamente, mientras nos movíamos como si fuese una cabalgata perfecta.

Ya no recordaba cuanto tiempo tenía de no hacer el coito. Yo pensé que ese era mi mejor tratamiento, eso lo medité después, cuando estábamos desnudos, mirándonos, y fumándonos un cigarrillo. Luego lanzó el humo y me dijo: todas las trabajadoras de la medicina de este lugar somos tus amantes, tus mujeres, tus "esposas"...

Espero que nunca se te quite esa "enfermedad" del ensueño, y menos la capacidad que tienes del convencimiento. Eres como un Sultán y nosotras somos tu harem. Sólo pide algo y de inmediato serás complacido. Se escuchaba como un eco interminable (no sé si todos lo escuchaban). "Eres como un Sultán..."

Después se volvió a ponerse cómoda para volver a copular, y con esa sonrisa encantadora, y su voz especial exclamó: Te falta el otro hueco, mi amor...

Mientras me movía (entraba y salía) en su cuerpo dichoso, ella la bella, volvía a decirme Dios. Así me sentía como un Dios: Todopoderoso.

“Un Ángel lujurioso y beodo
Vuela con alas metálicas
Sobre el cielo encapotado
En busca perpetua
De la luna desnuda
Plateada…”

Gritaba encantado: Escucho voces maravillosas, acompañadas con laúdes lejanos, y un coro de Arcángeles, mientras copulo.

Ella “cantaba” de una manera incoherente, mezclada con respiraciones, gemidos, gritos, y algunas palabras entendibles: ¡concéntrate en tu hembra y no dejes de moverte!



El Seis.