domingo, 13 de noviembre de 2022

A PROPÓSITO DE MI LITERATURA.

 




A PROPÓSITO DE MI LITERATURA.

 

Quienes me conocen saben de qué no soy afecto a leer mi literatura en público. Tengo varias razones para no hacerlo, pero antes mencionaré algunos aspectos relacionados con la participación poética de mi obra magnífica.

 

Es cierto, en algunas ocasiones (muy esporádicas) acepto leer en alguna universidad, también alguna entrevista en radio. El motivo es que cuando concurro a alguna preparatoria, o facultad, me interesa única y exclusivamente por el gran número de las oyentes femeninas, lo cual es una motivación extra para entregarme en cuerpo y alma, cuando la prosodia de mis textos sale de mi gloriosa persona. Ver ese grupo de mujeres pendientes de mis letras, y de mis movimientos, de mis gesticulaciones, hasta de mis locuras, es un viaje extremadamente erótico.

 

Si no hay mujeres, y las que concurren son horripilantes, prefiero suspender mi participación, se moleste quien así desee hacerlo. También odio cuando mi público son una “parvada” de ancianos (as), y mujeres gordas, que están “tratándose de cultivar en actividades culturales.

 

Me encanta en demasía cuando las adolescentes, (huelen a pura sexualidad) se me acercan, con esos movimientos encantadores, para solicitarme algún autógrafo, o sólo para hacerme alguna pregunta, ¡oh!, me siento en el verdadero paraíso.

 

Y cuando acepto alguna entrevista en radio, tienen que existir algunos factores interesantes para mi participación… Debo de tener libertad total, es decir, puedo llegar en estado “inconveniente”, ya sea que haya consumido ciertos licores de mi preferencia; o quizá que haya degustado alguna droga, muy apreciada para mi ser esclarecido, hasta si así lo considero necesario, en la cabina puedo estar inhalando cocaína. Además no me constriño a ningún “formato”, jamás lo haría, pues como soy invitado, pues, contesto lo que me interese, y de la manera que más me parezca conveniente hacerlo.

 

¡Soy todo un caso lo sé! Les comento todo lo anterior sólo para llegar al corolario: ¿de qué es leer en público?: La poesía es para leerse antes o después de haber hecho el amor, cuando aún tu respiración esté un poco agitada, y estés invadido de ese sentimiento que causa ver a tu mujer recostada en la cama, aún desnuda y con cara de satisfacción plena. Cuando la habitación, cuál templo santísimo, aún conserve restos de saliva, los ecos “eternos” de gemidos, los “ríos” de sudor que brotan de los cuerpos encendidos, los olores galopantes, y esas cúmulo de palabras “incomprensibles”… Ahí en ese lugar “sagrado”, tengo todo para lograr mi mejor lectura poética, pues, mi público es mi mujer (es) en turno, el recinto es la cama, y yo… el guapo y sexual poeta. De esta manera es como yo El Seis, me dedico a participar muy continuamente a dar a conocer mi breve obra literaria, y me ha resultado muy interesante (y placentero) este “método”, pues, de boca en boca, se van conociendo mis poemas, y hasta la forma de sentirla, de expresarla…

 

Las mujeres son pródigas, todo lo que tocan se multiplica, por ese motivo, mis textos, cada día, se van conociendo en más, más, países…

 

Y las camas de las lindísimas damas, siempre están mejor adornadas, cubiertas con sábanas de seda, pétalos de rosas, todo, para la espera de mi persona: el Vate El Seis. Esa es la única forma en que a mí, me gusta, me encanta, me fascina leer mis inquietantes y eróticos relatos.

 

Así pues, queda invitada cualquier mujer que sea joven, bella, erótica, exquisita, libre, emancipada mental, para invitarme (cuando lo desee) a leerle los más estéticos poemas en su alcoba…

 

 

 

José Alberto Capaverde

 

El Seis.

domingo, 6 de noviembre de 2022

ERÓTICO DEMONIO.

 



ERÓTICO DEMONIO.

 

Ella sentada, afuera de su Palacio de Madera, de una colonia marginal, siempre me esperaba, cuando por el camino sinuoso, daba tumbos y vuelcos, buscando en sus brazos la hoguera anhelada...

 

Ella vestida en bata raída, donde mostraba un poco del corpiño y bragas, se acomodaba en una silla desvencijada, abierta de piernas, y  fumando, me evocaba, al mismo tiempo que pasaba su lengua de gata sobre sus labios púrpura.

 

Ella era hogar, casa, refugio, abrigo, que cuando mi mente estaba perdida por algún alcaloide de alto calibre, siempre eran sus piernas donde mi cabeza de loco reposaba y alucinaba.

 

Ella pensaba que su cuerpo era una almohada para mis demencias, hasta el grado, que siempre estaba dispuesta a beberse la sangre de mis heridas.

 

Ella trabajaba en un burdel del centro del "universo" de esta vieja y sombría ciudad, era la mujer más solicitada y maravillosa de ese lado salvaje, pero no cotizaba altos sus honorarios, lo único que pedía es un poco de amor,  además de la paga en billetes arrugados y  de baja denominación.

También cantaba desafinada y con voz sepulcral, y recordaba mi maldito nombre cada que atendía a un cliente, lo pronunciaba como un mantra sagrado.

 

Ella me invitaba al templo de Eros, sólo para percatarse que aún vivía, y que la sangre fluía en mi venas, y miraba, observaba, mi rostro lívido, mis ojos de desquiciado.

 

Llegaba vestido de negro, no sólo mi cuerpo, también la consciencia, bebiendo vodka, y fumando cannabis, la buscaba, en el lupanar áureo, no parecíamos humanos (ella y yo), sino Dioses caídos, con alas quebradas, vomitando lunas...

 

Ella me decía: date una vuelta por el Templo de mi Cuerpo, y me esperaba abierta de piernas y brazos, pero no me trataba como uno de sus pacientes de amor, era para ella como el gato noctámbulo, que aparecía muy de vez en cuando, para aparearse en el tejado.

 

Ella no recorría la urbe con música de blues, ni volaba las noches con sombras de hachís, lo hacía con mi rostro perverso, que era su vicio más potente y adictivo.

 

Ella cuando pensaba en mí, se le erectaban los pezones, y sentía en su entrepierna mi ser que la pene-traba, hasta llevarla al orgasmo.

 

Era su erótico demonio.




José Alberto Capaverde

 

 

El Seis.