lunes, 29 de septiembre de 2025

LA INAUDITA VIDA DE DANIELA. 21 CANTOS:

 




LA INAUDITA VIDA DE DANIELA.

21 CANTOS:

 



1. Todos sabían que era una cortesana menos ella. Se consideraba progresista, empoderada, y hasta librepensadora.

2. Ella traía un colchón en la espalda, siempre estaba preparada para el coito casual.

3. Daniela era tan fácil de convencer de hacer el amor, que antes del llegar al Motel, ya se había sacado las bragas.

4. Ella decía, cuando veas un falo erecto, nunca desperdicies esa mágica oportunidad de que se meta en ti, y además de succionarlo.

5. María siempre se entregaba con mansedumbre y obediencia, su cuerpo lo ofrendaba para el ritual sexual.

6. Ella no tenía preferencias sexuales, siempre estaba dispuesta, piernas abiertas, pechos al descubierto, para que cualquier ser humano la poseyese con "crueldad".

7. Ella no era mujer de un solo hombre, siempre se jactaba que como era soberana, su cuerpo y espíritu le pertenecía a toda la comunidad.

8. Lo que me fascinaba de ella es que nunca rechazaba a nadie, cualquier ser humano que se atreviera a proponerle un coito, era premiado con un sí.

9. Ella tenía el cuerpo listo para cualquier cópula, salía de su casa con la intención de no volver sin haber sido penetrada mínimo dos veces.

10. Además de hermosa, tenía un carácter agradable, por lo cual, tenía muchos admiradores, y muy continuamente los "desconcertaba", al seleccionar ese día sólo mujeres.

11. Ella no era la "protagonista" en las relaciones sexuales, se comportaba como el regalo de la pareja de afortunados, que se disponían a "comerse" ese cuerpo trémulo.

12. A ella no le importaban los lazos consanguíneos en cuestiones de placer de la carne, lo mismo se dejaba copular por sus primos, hermanos, y sentía un gozo desmedido cuando eran de su mismo sexo.

13. Si un matrimonio le proponía hacer un trío, siempre estaba dispuesta a participar, y lo más erótico, es que ella se metía entre los dos, como un obsequio, al cual, se le puede hacer lo que deseen.

14. Si dos amigas la convencían de pasar una noche llena de pasión y lujuria, ella iba como un cervatillo herido y desvalido, se ponía en las manos "perversas", que aprovecharían sin ninguna duda, semejante regalo.

15. Ella decía, yo sólo cierro los ojos, para que las lenguas, bocas, manos, chupen y recorran mi cuerpo, me hagan vibrar, gritar, gemir, y retorcerme de placer, nunca me ha importado que sean hombres o mujeres.

16. Ella "castigaba" a su madre cada que se entregaba con desconocidos en lugares inhóspitos, cuando abría sus piernas y exponía sus huecos, "pensaba" que al ser penetrada su vagina, la otra (la de su origen), también sentía ese placer y gozo.

17. Daniela era tan generosa, que le gustaba que explotaran semen en su rostro, pero un día una familia de varones, le propuso terminar en su cuerpo, al mismo tiempo, y ella como siempre accedió, se desvistió y espero la lluvia de cinco penes.

18. A ella le gusta que la "rapten" uno o dos individuos y la amarren de pies y manos con mascadas, y ella trate de "escapar" haciendo movimientos eróticos, mostrando sus piernas, bragas, glúteos, cintura, corpiño, mientras los "secuestradores" la observan y mueven sus falos.

19. A ella le gusta salir con dos hombres al mismo tiempo en calidad de amante, y lo interesante es que ninguno tiene ese sentimiento de posesión, juntos hacen todas las actividades normales, concurrir al cine, ir de compras, salir de vacaciones, visitar un bar, etc., y cuando van a la cama siempre la ponen en medio, para disfrutarla entre ambos.

20. A ella le encanta que un amigo que tiene un hijo adolescente la visite, los espera vestida sólo con bata transparente y en la cama, ellos llegan y se acuestan uno por delante y otro (el joven) por detrás, la besan, la acarician toda, la hacen gemir, gritar, y luego los falos llenan sus huecos, y unas manos en sus caderas otras en sus hombros, y empieza el viaje al paraíso voluptuoso.

21. Ella era una mujer suprema, no sólo físicamente, también su mente era erotismo puro y delicioso, y tenía una manera especial de tratar a los humanos, al grado de que no existía alguien que la odiase.
Tenía pelo ensortijado, una frente amplia para recibir los besos de sus amantes, un rostro blanco y alegre, donde se asomaban unos ojos como esmeraldas.
Estaba hecha para el amor.
Pero tenía una vida privada mucho más interesante, que su belleza, que en realidad muy pocos conocían.
Cocinaba por puro delantal, y nunca se ponía ropa interior, para estar siempre dispuesta, para hacer sexo feroz. Y no sólo con su pareja, sino con tuviese la suerte de llegar en ese momento.
Tenía una forma de pensar muy personal, y compartía su cuerpo exquisito con cualquier persona, siempre y cuando le pareciera atractivo.
Unas de sus máximas era: nunca dejes a nadie con esa mirada de excitación. Por ese motivo ella se entregaba de manera desinteresada y libre a jóvenes libertinos, mujeres lesbianas, y hombres maduros, argumentando que por eso la naturaleza le había otorgado huecos calentitos, para satisfacer a cualquier ente viviente.
Podía estar el mismo día con un miembro duro en su boca, otro entre sus pechos, uno en cada mano, mientras un negro la poseía en su vagina y ano. Era un jardín sexual.
Cuando concurría por la ciudad era toda una señora de dulce mirar y de andar elegante. Pero de noche era un volcán de sexualidad.
Además tenía dos pitbulls que le lamían todo el cuerpo, dejándola preparada, a punto, lista, para ir de "cacería" por la ciudad y seducir a cualquier sujeto hambriento de amor sexual.
Era una maravilla de hembra.

 

 

 

José Alberto Capaverde

 

El Seis.

sábado, 27 de septiembre de 2025

COLLAGE DE PASIONES Y PERVERSIONES.

 






COLLAGE DE PASIONES Y PERVERSIONES.

 

I.

DOPADO EN ZIPOLITE.

No sé cómo llegué a parar hasta Zipolite. Estaba bebiendo e inhalando polvos cósmicos, cuando se sentaron a mi lado un matrimonio, con su deliciosa hija, me dijeron ¡salud!, y correspondí al brindis, levantando mi copa. Cuando el hombre las dejó un momento solas me dieron: invítanos a fornicar, por la noche estamos dispuestas, y acepté, porque madre e hija estaban preciosas. Después llegó el padre de familia, y preguntó: ¿me extrañaron?
Le dijeron al unísono: ¡sí!

Yo me sentía un Dios.
Ellas eran mis feligreses.
De repente todo el entorno era puro erotismo.

II.

Dalisa.

Ella dijo (llorando): mi amante María, murió en la epidemia social, sin identificar, sin examen forense, y fue arrojada a los perros.

Ni siquiera hubo registro de su deceso.
No tuvo una tumba para depositarla.

Quedó en el anonimato.

[Mientras decía lo anterior otra chica joven y de suculento cuerpo le lamía los pechos]

Era mi amadísima.

III.

Juan comentó:

Yo tenía una secretaria joven, preciosa, de cuerpo delicioso, y ojos azules, y siempre olía a un perfume fresco y atrayente, aunque estaba prohibido intimar entre compañeros de trabajo (era una norma), todos se la fornicaron, hombres y mujeres, desde el trabajador del aseo hasta el jefe de personal, yo me di cuenta, pero no la despedí, por la simple razón, de que había más vida en mi oficina.

IV.

Antes, al verte desnuda, rompías el cristal de mis ojos
¿Lo recuerdas, amada?
Llenabas mi cuerpo excitado y de plata, con cascadas
Áuricas de orina ardiente
¡Era una maravilla!
Volabas sobre mi testa loca, donde almaceno el archivo
Total de mis “perversiones personales”
Y te pasabas siempre en espera de mis lúbricos amores
¡Oh, siempre tú y yo, éramos uno!

V.

De los derechos inalienables:

Ella no creía en el racismo, y no sólo aceptaba bailar, sino hasta hacer el coito con hombres y mujeres de cualquier color de piel.
E inclusive cuando estaba fornicando se soltó el pitbull de su amante en turno, y dijo: déjalo que también el partícipe, también tiene sus derechos.

Ahhhhh.

VI.

Yo escribo y soy literato, pero en realidad a lo que me dedico, es a fornicar con damas lindas y preciosas, y jóvenes.

El Arte es una afición.
El Sexo una pasión.

En lugar de abrir un libro, me fascina abrir la blusa de una mujer embarazada, y beber su leche.
Ahhhhh

Dejo las letras para los poetas.

Yo soy feliz con un puñado de mujeres desnudas.



José Alberto Capaverde

El Seis.


CENA ERÓTICA.

 



CENA ERÓTICA.

 

Dalisa y yo, nos habíamos puesto de acuerdo en lo siguiente:

Ella tenía una cena con su pareja, en un restaurante elegante y cómodo, la reunión sería como a las ocho de la noche, beberían frescos cócteles, y una cena suculenta.
Era viernes.
Era como un ritual semanal, el que hacían, y como tal, cayó en la monotonía.
Para hacerlo un poco más intenso y excitante, le propuse que yo podría ir también, pero desde luego, de forma separada, y dicha idea nos pareció excelente.
Ese día ella se puso bella y exquisita, perfumada, y con una blusa y falda, y con ropa interior negra, yo me fui cómodo, pero elegante.
Pasó el tiempo.

Eran la hora convenida:
Cuando llegué al restaurante los vi charlando alegremente, y bebiendo vino tinto.
Me acomodé en mesa contigua (muy cerca de ellos) el tipo no me conocía, por lo cual me sentía cómodo y tranquilo. Pedía una cerveza helada, y un trago de vodka.
En cuanto ella me vio, me sonrió discretamente. Yo me le quedé mirando en todo su cuerpo, recorriendo desde sus pies, tobillos, pantorrillas, rodillas, caderas, cintura, torso, pechos, hombros, cuello, rostro, labios, ahhh.
Saqué un poco de cocaína y la inhalé discretamente, ohh, me sentía muy bien.
Llegó el mesero y llevó otra ronda igual.
Me palpitaba el corazón.
En eso el acompañante de mi conocida fue al sanitario, y ella cruzó las piernas, en todo su esplendor, lo hizo con toda suavidad, hasta mostrar un poco de su calzón. Y sacó su lengua y recorrió sus labios. Después se llevó las manos a sus chichis y se acarició un poco, para que la observara.
Después llegó su marido.
Yo la seguía mirando, y ella abría de forma "descuidada" sus piernas, y con sus uñas recorría su tersa piel, ahhhh.
Voló en tiempo.
Su pareja ya se encontraba ebrio, entonces de manera más audaz, te acariciaba su cuerpo, bajo esa luz tenue del lugar. Me levanté y pasé cerca de ella, para olerla y verla más cerca, ohhh, estaba deliciosa.
Ambos me saludaron, y correspondí amablemente: ¡Buenas noches!
Caminé un poco, y volví a la mesa.
Nos hablamos con los ojos, y ella se paró y se dirigió al sanitario, y la seguí, la tomé de la mano, y la besé apasionadamente, la olí, la sentí. Le dije al oído: levántate la falda para verte el calzón y esas pompas preciosas y excitantes, así lo hizo, en el dintel de la puerta.
Pasó un rato.
Salimos al mismo tiempo, pero sin mirarnos ni en lo más mínimo.
Me ofrecieron cena y no acepté, sólo pedí la tercera ronda.
Mi "amiga" se veía muy tranquila, era evidente que estaba bebiendo con tranquilidad y en poca cantidad, y su acompañante ya se veía ebrio.
Ella hacía como que se le caía la servilleta y la recogía mostrando su exquisita cola, para que yo lo viera.
Yo tenía el pene erecto, y lo acomodé de manera discreta, para no lastimarme, y que fuera tan evidente.
Y llegó el momento esperado.
Llegó al parecer un amigo de su cónyuge y se sentó en la mesa, y se pusieron a charlar de manera efusiva.
En ese momento me fui de nuevo al sanitario de mujeres y elegí un retrete y me senté en él, mi preciosa amiga, había observado, y entro conmigo.
Yo me bajé el pantalón hasta las piernas, y me saqué el pene, ella se puso de espaldas, le levante la falda, le quité el calzón y me metí en su vagina hasta el fondo, hasta llenarla. Dejé un poco mi pene en su hueco calentito, para sintiera el palpitar de mi miembro, después la tomé de la cadera, y empezó el movimiento, despacio, fuerte, velocidad, así, así, con todo. Hacía palanca en sus caderas, luego en sus hombros, ella subía y bajaba, sintiendo como era penetrada, y apretaba los labios, suspiraba, ronroneaba, y gemía delicioso.
Entraba en ella feroz, y salía, y volvía a embestir como toro en brama.
Nuestros cabellos volaban.
Llegó el momento del orgasmo.
Lancé todo mi semen dentro de su vagina.
Quedamos exhaustos, como iluminados.
Le acomodé su calzón, y la falda, la besé, y le dije: sal tú primero.
Después salí con calma, tratando de no ser visto.

Luego observé que su pareja continuaba charlando con su amigo del alma, y mi conocida hermosa, bebía algo.

Yo entonces pedí de nuevo bebidas, pero ahora solo vodka en las rocas, y me sentía complacido, dichoso.

Por último cada que íbamos al sanitario nos decíamos: te amo, me fascinas, me encantas, me gustas, y algunos besos suaves y ricos.

Después partí.

Ella me dijo adiós con la mirada.



José Alberto Capaverde.

 

EL Seis.

LETANÍA DE UN LUJURIOSO.





LETANÍA DE UN LUJURIOSO.


Virgen leal
Muestra tu cuerpo ardiendo.
Espejo inmaterial
No reflejes mi rostro de loco.
Trono de sapiencia
El divino Seis.
Vaso cósmico
Tu vagina calentita.
Causa de nuestro júbilo
Tu cuerpo desnudo, Dalisa.
Rosa sagrada
Tus glúteos tersos.
Casa áurea
Tu ano, cuando lo penetro.
Puerta al paraíso
Las mujeres abiertas de piernas.
Reina de las doncellas
Te acuestas con hombres y mujeres.
Reina del firmamento
Una mujer desparramada en la arena.
Recipiente de plata
Tu boca con mi semen.
Estrella lejana
Cuando muestras tus bragas celestes.
Luna llena
La dama que aúlla cuando fornica.
Alma grande
Ninfómana que tiene un pitbull de amante.
Barca de nubes
Lejana fémina a la deriva sexual.
Obra de arte
Hembra poseída por un negro y una rubia.
Vulva amorosa
Es iglesia con miles de feligreses excitados.
Lactancia erótica
En espera de seres lactófilos.
Rostro pálido
Eres adorada como una santa voluptuosa.
Orina dorada
Tus adoradores beben tu líquido sagrado.
Pezones erectos
Prestos para ser venerados con lengua y saliva.
Orgasmo salvaje
Gritas melodías incomprensibles, gata en brama.
Incesto glorioso
(Yo) y nuestro hijo llenando tus huecos.



José Alberto Capaverde

El seis.