martes, 27 de febrero de 2018





EL VIENTO TRAE UN OLOR A MUERTE…
Aunque suene a una contradicción, mi vida está llena de muerte. No importa que algunas veces, los mortales me vean volando, vengo en caída libre, para estrellarme contra el pavimento. Además no estoy sonriendo, como todo mundo supone, es mi manera muy especial de llorar! Aunque este vestido con mi mejor traje inglés y una corbata de seda, no voy a una "magnífica" fiesta, voy al cementerio a dejar una rosa negra, en la tumba de una amante... Cuando voy drogado, serpenteando las calles sucias de la ciudad, no es que esté disfrutándolo, como la mayoría lo piensa, es como un peregrinar sombrío y oscuro, hacía el infierno… Cuando el vodka me atrapa con su embriagante perfume (de mujer), y mi rostro adquiere diversas gesticulaciones, la mayoría, piensa y murmura, está feliz el poeta, lo que no se imaginan, es que el licor… me está devorando el corazón azul, con sus dientes de grano. Los que me han visto inhalar cocaína, se asombran, y hasta se alarman, de mi desmesura, para tales menesteres, pero lo que no saben, ni intuyen, es que sin ese polvo blanco que se almacena en mi sistema respiratorio, sería polvo negro el que cubriera mi cuerpo muerto. No siempre extiendo mi mano (blanca) para saludar “a todo mundo”, de lejos, parece una gran descortesía, lo que pasa, es que algunas veces el viento trata de arrancarme mis extremidades superiores, y me embarga un gran pavor… Mi manera hasta cierto punto enloquecida de saborear múltiples licores a la vez, no es mostrar mi superioridad sobre otros, es aprovechar mi poco tiempo, para llenar mi envase corporal de sensaciones especiales, antes de que la guadaña afilada, me decapite, y deje un reguero de sangre color índigo, sobre la tierra quemada…

El Seis.