LA SIN NOMBRE...
Le llamaremos “La sin Nombre” pues, puede llamarse todos, en un complejo conjunto. Fue una noche donde llovía leche materna, y hasta había una luna roja, como ensangrentada… cuando nos conocimos. Ella tiene tatuado en su cuerpo toda la belleza que existe… Y sabedora (consciente) de la hermosura que detenta, se desliza (soberbia) sobre la cara de la tierra llorosa. Hasta cuando sonríe, parece que tiene el poder de hacer girar algunos lejanos planetas enloquecidos. Cuando te observa con cierto amor, parece que te roba el espíritu, y de una forma “extraña” te deja vacío, como desorientado… En ese preciso momento, que estás como extraviado, las nubes oscuras se desploman infartadas, llenando tu testa de bruma y relámpagos. Es cuando te percatas que estás atrapado, en ciertos fenómenos “clímaxticos”, y no puedes sustraerte, so pena de salir huyendo, tapizado de un manto de tristura. Su rostro se llena estrellas ebrias, parecido a un lienzo índigo, donde hay un movimiento (silencioso) que no puedes dejar de mirar ni por un segundo, pues… todo es inquietante. Hasta cuando respira con profundidad, te roba toda la vida, y te deja en los puros huesos gélidos. Es como una hembra mágica. Es impresionante, hasta perturbadora, pues, con sólo mirarte parece que te “arranca” el corazón, y te deja únicamente (en la caja torácica) un hueco, donde se escuchan melodías de blues rudimentario. Toda su piel tersa, lozana, está dispuesta, para ser besada, lamida, succionada, chupada, pero no por cualquier humano, ella sabe seleccionar entre una “parvada” de pretendientes, a su próxima víctima, la cual, sin duda, será “sacrificada”, entre el calor gozoso de sus brazos… Tiene “grabado” en sus pechos, el deseo mismo, que cuando cae el corpiño negro, y aparecen en todo su esplendor y suntuosidad, eres presa como de convulsiones eróticas, y te conviertes (de inmediato) en su más ferviente adorador…
--No deseo se tu esclavo.
Lo único que recuerdo, es que la besé con una pasión desmedida, mientras me retiraba, argumentando, ¡no sé qué diablos! Ella sonreía como Afrodita, cuando está completamente segura, que nadie, puede escapar de su hermosura. Creo que alcanzó a gritarme: Aunque huyas, ya tienes mi sello en tu frente. Me perteneces en cuerpo y alma. Volverás, pidiéndome un poco de amor, lo sé, y quizá en ese tiempo, estarás en los puros huesos, y tu “razón”, estará extraviada.
Me fui con calma, pensando en sus palabras, mientras extraía un poco de cocaína de mi bolsa izquierda de mi pantalón de mezclilla negra. Traté de no pensar mucho en ella, la mujer exquisita, que dejaba atrás, allá en sus aposentos, donde deseaba tenerme como otro más de sus amantes.
Exclamó una bella voz de una mujer de 16 años de edad, y de un cuerpo supremo. No la reconocí de inmediato, pero sus labios se me hacían “conocidos”, y hasta sus párpados, algo me recordaban, como si con anterioridad ya los hubiese besado…
Esperándote, siempre, por todo el tiempo, hasta que mi ciclo vital termine. No soy plena sin tu ser maravilloso, mi existencia se limita “a estar en ti”, porque no puedo “estar en mí”, me faltas tú… y es como sumergirte, cada día más, más, en un pantano.
--¿Quieres hacer el amor?
La tomé de la mano, y nos encaminamos al departamento de mi propiedad, y mientras: nos veíamos, nos “comíamos” de tanto placer, y hasta nuestros rostros estaban radiantes. Nos palpitaba el corazón, y en cada sístole y diástole, se escuchaba como un eco de amor meramente sexual…
--No tiene importancia, que te lo comente…
--Entonces estabas en la “iglesia” de la sin nombre…
El cielo oscuro, era magnífico. Y mi pareja casual, era una delicia.