sábado, 11 de diciembre de 2021

MI HAREM EN VRINDAVAN.

 






MI HAREM EN VRINDAVAN.


Ella desea no sólo mi cuerpo y mi desnudez infinita, también le apasiona mi torrente sanguíneo, mi ataúd óseo, mi orina maravillosa, y mis cascadas de semen ardiente. Cuando me observa, lo hace con tal devoción, y adoración desmedida, no porque sea un santo, o un buen hombre, ve en mí toda la "perversión" que almacena en su trémulo ser... Piensa en mí, pero no porque me ame o adore, desea que la llene de ríos, mares, océanos de cópulas interminables; pues, con su pareja, sólo encuentra un lastimoso y triste acercamiento apasionado. A él desea degollarlo, castrarlo, y lanzarlo al infierno. A mí (Dios) me desea con tanta locura sexual, que se prende de mi cuerpo en llamas a cada momento, soy algo así como su hoguera interminable.
Ella gime mi nombre.
Yo sólo le otorgo gozo lúbrico.
Llora mi nombre.
Grito sus tetas.
Me dice Dios.
Es mi esclava.
¡Sin ti no puedo vivir!
No me interesa.
Eres el mejor.
Mujer promedio.
Te amo.
No conozco su nombre. Es una mujer más de mi harén.

El Seis

jueves, 9 de diciembre de 2021

HOY AMANECIÓ INCOLORO.




Hoy amaneció incoloro

M
u
e
r
t
o
como si todo se lo tragasen algunos ángeles ebrios
el olor pestilente/penetrante/ de la sol-edad
es absorbido
por esos entes quiméricos de vestimentas inauditas
y de modales afeminados
que en estados de fabulosas conveniencias etílicas
le dan miles de vueltas/con sus alas de pajarracos de-mentes
a la tierra macilenta/enferma de senectud cósmica

Tristeza /llenas de gusanos azabaches la noche.

Allá
a
b
a
j
o
los humanos se carcajean/falos sonrientes
mientras miran volar un cortejo de hermosas mujeres
que hacen piruetas sobre la neblina gélida/oscura/bruna
mostrando desenfadas las curvas de sus encendidos cuerpos
que en semejante travesía arrojan infantes llorones/fetos garzos
es apocalipsis venenoso/pues… llueven orgasmos enloquecidos
sobre la tierra embravecida
para fecundarla de pura sexualidad/de gemidos eternos
y hasta de frenéticos suspiros/delirantes/ ¡extravío puro!
Tristeza/llenas de mariposas negras las almas

Ni siquiera los relámpagos furiosos/ que salen de la boca universal
con sus flechas flamígeras/llenas de venenos pavorosos
pueden “apagar” los gemidos perpetuos/del avispero mujeril
que preparan sus aguijones suculentos/para seducir con sus arcos de pechos
/sus lanzas de caderas tersas
y sus sudores pandémicos de lúbricos ardores
que envuelven/cercan/a los hambrientos de libídine
y hasta de amores/de amores…
Tristeza/lloviznas las caras pálidas de las mujeres excitadas

En brama/en celo sempiterno/se desmoronan desde la cúspide erótica
/las diosas desnudas/convertidas en mujeres aladas de orgiásticos cantos
/buscando oídos célibes/mancebos/ para extasiarlos/transportarlos
/Hasta los confines eternos del Cuadrilátero Voluptuoso

Tristeza/perra con dientes de marfil… y ojos de gata
A
Z
U
L

EL SEIS.

LA SIN NOMBRE...

 




LA SIN NOMBRE...


Le llamaremos “La sin Nombre” pues, puede llamarse todos, en un complejo conjunto. Fue una noche donde llovía leche materna, y hasta había una luna roja, como ensangrentada… cuando nos conocimos. Ella tiene tatuado en su cuerpo toda la belleza que existe… Y sabedora (consciente) de la hermosura que detenta, se desliza (soberbia) sobre la cara de la tierra llorosa. Hasta cuando sonríe, parece que tiene el poder de hacer girar algunos lejanos planetas enloquecidos. Cuando te observa con cierto amor, parece que te roba el espíritu, y de una forma “extraña” te deja vacío, como desorientado… En ese preciso momento, que estás como extraviado, las nubes oscuras se desploman infartadas, llenando tu testa de bruma y relámpagos. Es cuando te percatas que estás atrapado, en ciertos fenómenos “clímaxticos”, y no puedes sustraerte, so pena de salir huyendo, tapizado de un manto de tristura. Su rostro se llena estrellas ebrias, parecido a un lienzo índigo, donde hay un movimiento (silencioso) que no puedes dejar de mirar ni por un segundo, pues… todo es inquietante. Hasta cuando respira con profundidad, te roba toda la vida, y te deja en los puros huesos gélidos. Es como una hembra mágica. Es impresionante, hasta perturbadora, pues, con sólo mirarte parece que te “arranca” el corazón, y te deja únicamente (en la caja torácica) un hueco, donde se escuchan melodías de blues rudimentario. Toda su piel tersa, lozana, está dispuesta, para ser besada, lamida, succionada, chupada, pero no por cualquier humano, ella sabe seleccionar entre una “parvada” de pretendientes, a su próxima víctima, la cual, sin duda, será “sacrificada”, entre el calor gozoso de sus brazos… Tiene “grabado” en sus pechos, el deseo mismo, que cuando cae el corpiño negro, y aparecen en todo su esplendor y suntuosidad, eres presa como de convulsiones eróticas, y te conviertes (de inmediato) en su más ferviente adorador…
--¿Me amas…?
--No.
--¿Por qué?
--No deseo se tu esclavo.
--¡Ya lo eres!
--No lo creo.
Lo único que recuerdo, es que la besé con una pasión desmedida, mientras me retiraba, argumentando, ¡no sé qué diablos! Ella sonreía como Afrodita, cuando está completamente segura, que nadie, puede escapar de su hermosura. Creo que alcanzó a gritarme: Aunque huyas, ya tienes mi sello en tu frente. Me perteneces en cuerpo y alma. Volverás, pidiéndome un poco de amor, lo sé, y quizá en ese tiempo, estarás en los puros huesos, y tu “razón”, estará extraviada.
Me fui con calma, pensando en sus palabras, mientras extraía un poco de cocaína de mi bolsa izquierda de mi pantalón de mezclilla negra. Traté de no pensar mucho en ella, la mujer exquisita, que dejaba atrás, allá en sus aposentos, donde deseaba tenerme como otro más de sus amantes.
--¡Hola, Alejandro!
Exclamó una bella voz de una mujer de 16 años de edad, y de un cuerpo supremo. No la reconocí de inmediato, pero sus labios se me hacían “conocidos”, y hasta sus párpados, algo me recordaban, como si con anterioridad ya los hubiese besado…
--¿Cómo estás, Karla…?
Esperándote, siempre, por todo el tiempo, hasta que mi ciclo vital termine. No soy plena sin tu ser maravilloso, mi existencia se limita “a estar en ti”, porque no puedo “estar en mí”, me faltas tú… y es como sumergirte, cada día más, más, en un pantano.
--¿Quieres hacer el amor?
--¡Claro, me encantaría!
La tomé de la mano, y nos encaminamos al departamento de mi propiedad, y mientras: nos veíamos, nos “comíamos” de tanto placer, y hasta nuestros rostros estaban radiantes. Nos palpitaba el corazón, y en cada sístole y diástole, se escuchaba como un eco de amor meramente sexual…
--¿De dónde vienes?
--No tiene importancia, que te lo comente…
--Entonces estabas en la “iglesia” de la sin nombre…
No dije nada.
El cielo oscuro, era magnífico. Y mi pareja casual, era una delicia.


El Seis.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

CIUDAD AGÓNICA.

 



CIUDAD AGÓNICA.


Dicen que allá, la tristeza se va metiendo en el corazón, desde que se es niño, y hasta alcanza a llegar a eso que llaman alma, para jamás abandonarte, es pues como un distintivo: desolación.

También los árboles están agónicos, llenos de llagas, heridas, donde corre la sangre verde, blanca, y hasta café. Y a los lejos sólo se ve como se van muriendo, como si deseasen gritar, aullar, hilvanar palabras humanas, para decir: ¡estoy agonizando!

El cielo no es como otros cielos… ¡Claro qué no!, este siempre es color púrpura, con toques de amarillos, y rayas horizontales y verticales de verdes pálidos, macilentos.
Hasta se confunde el cielo con las sabanas. Es pues un caos completo.

Los animales sólo se alimentan de mujeres vírgenes, y en un rango de edad de 15 a 18 años, pues consideran (según una leyenda) que ese tipo de carne además de deliciosa, esta llena de proteínas beneficiosas. “Argumentan”, que pasando esa edad, la carne es tóxica, grasienta, virulenta, y ya no le queda nada de provecho.

Las parejas de “humanos” ya no hacen el amor como antes, pues los machos tienen diez penes de diversos tamaños y formas, y las hembras están llenas de pechos, traseros, y las vaginas las tienen en los brazos, en la cara, en la espalda, en las piernas. Y la piel de los enamorados no es como era común y hasta normal, ahora es color celeste, con rayas negras, y algunos símbolos que parecen relámpagos. Algunos dicen que el cielo se les pegó en sus seres, para que nunca olviden la existencia de un cielo diferente.

Ahhh, y la moneda no es como en la antigüedad, ahora son como unas cajas color marrón, que al abrirlas salen palabras que ya no se usan: ¡gracias!, ¡muy amable!, ¡te quiero mucho!, y hasta ¡Dios existe!, creo que esta última es la de mayor valor…


EL SEIS.

viernes, 15 de octubre de 2021

ELLA

 




ELLA.


Ella estaba tan alta, que mis manos no la alcanzaban, y mis ojos se alegraban con verla, soñaba con poseerla, yo era un niño de ojos verdes y rulos rubios.
Ella sabía que era mi tesoro, y el motivo de mis desvelos, y hasta la causa de mis temblores nocturnos.
Ella cruzaba las piernas y mostraba un poco de su braga y como por arte de magia, convertía todo mi día en pura felicidad y plenitud.
Ella se acercaba coqueta y sonriente, hasta que el vaho de su boca, bañaba mi rostro, y hacía que mi piel se erizará, y mi corazón golpeara mis costillas.

Ella era mejor que el pan calentito de la mañana, y hasta que el paseo en bicicleta con mis compañeras de primaria.
Ella algunas veces tenía que ir a la ciudad a las tiendas de ropa, pasaba con la peluquera, y visitaba la confitería; y me daba cuenta que no estaba, porque la casa estaba sombría, y había una quietud malsana.
Ella llegaba con esas mejillas coloradas, y su sonrisa que desafiaba al sol, llena de obsequios y palabras dulces y cariñosas, que todos los habitantes de la casa, se convertían en agradables personas.
Ella me preguntaba por mis amiguitas, mientras movía su lengua, y mostraba sus perfectos dientes, siempre tardaba en contestar, porque veía como salían las letras de su boca, ahhhhh.
Ella ponía mi cabeza en sus piernas ardientes, cuando mi padre se molestaba, porque no lo deseaba acompañar de pesca, y sus manos suaves, surcaban mi pelo ensortijado, mientras decía, está indispuesto, yo lo cuido...
Ella era la única mujer que en realidad me importaba, y a la cual, estaba dispuesto de hacer mía, de tenerla para siempre, y jamás separarnos.

Ella era el rocío de la mañana, el sol que alumbra, las nubes caprichosas, el cielo lejano, el universo en movimiento, pero... también era la carne palpitante que me hacía volar.

Era algo así como la voluptuosidad misma.
Era como una luz necesaria.
Era todo...

Trataba de no pensar en que sería de mí, cuando se casara.

El Seis.