DEMONIO VOLANDO CON
ALAS METÁLICAS.
Yo no lloro lágrimas, es aluminio
derretido, lo que sale de mis ojos de demonio.
Yo no observo el mundo, así como
todos, veo crecer el césped, respirar las flores, hablar las sandías,
masturbarse a la luna, y parir las nubes.
Yo no respiro oxigeno de ese, que
todos lo almacenan en sus pulmones, yo inhalo petróleo, gasolina, y carbón...
Yo no camino como todo humano,
siempre salgo volando, con mis alas de metal, surcando las azoteas de la
ciudad, buscando una mujer desnuda, que pronuncia mi nombre maldito.
Yo no tengo corazón, de eso me di
cuenta, desde que era un adolescente perverso, en cambio, tengo ahí una
caverna, donde se escuchan canciones de blues, y un ebrio saxofón.
Yo no tengo sentimientos, los
míos, son como cruces y símbolos de
alguna vieja parroquia, que fue destruida, incendiada, por la muchedumbre
enardecida, porque ahí había un pagano.
Yo no hago el amor como lo hacen
todos, me convierto el lobo, poseo como león, acaricio como tigre, y penetro
los huecos de las mujeres hermosas, como serpiente.
Yo nunca me he enamorado de una sola
mujer, no tengo esa capacidad, me gusta de ellas todo, su cálida y resbalosa
saliva, su vaho calentito, su áurica orina, su leche materna, y su sangre
menstruante.
Yo no vivo como todos lo hacen, mis
ojos ven a través de las vestidos y corpiños, bragas, batas, mi olfato percibe
cuando están excitadas y dispuestas, prestas, mis manos encuentran los lugares
específicos donde gritan sus pasiones y anhelos, mi lengua saborea el sudor de
las pieles erizadas de las bellas y exquisitas damas, mujeres, hembras,
féminas, doncellas, chicas, cortesanas.
Yo no las obligo que pronuncien los
nombres de sus esposos, parejas, amantes, mientras les hago el amor como
salvaje, ellas lo hacen como un homenaje a mi demoníaca y demente persona.
José Alberto Capaverde.
El Seis.

