EL ETERNO VIAJE DE
ALBERTO.
Tengo el pelo largo, desordenado, rebelde, los rulos vuelan,
se mueven hacia arriba, abajo, a los lados; y no se dejan llevar por el viento
iracundo (ebrio), es como una pelea en buena lid, entre dos antiguos amigos,
así, sin lastimarse. Cuando camino, mi cabello castaño, navega sobre el cuerpo
invisible del aire, y en semejante travesía, se esconde mi rostro de loco, y
mis ojos se pintan de colores.
Cuando camino serpenteante, por calles sucias de mi ciudad,
mostrando mi figura endemoniada, no soy un ente más, ¡claro que no!; soy algo
extraño, infrecuente, extravagante, que
no “encaja”, y que “rompe” el entorno de la metrópoli.
Soy un espíritu libre, que en el momento que se me ocurre,
inhalo cocaína, fumo hachís, o bebo vodka, y en semejante estado, disfruto del
cuerpo de la ciudad. Voy pues, en estado de gracia, iluminado, augusto, y mi
mirada no busca mirar un pedazo de cielo, por el contrario, observo el mar de
concreto, ahí en las plantas de mis pies divinos.
Yo soy un “arcángel” de metal, vicioso, disoluto, licencioso,
inmoral divino, celestial, omnipotente, que siempre llevo mínimo dos rameras
admirables, ante la mirada atónita de los comunes. Las mujeres me miran con un
dulce anhelo, deseosas de mis besos, del océano de mi cuerpo, del mar de mi pecho,
y del río de mi falo erecto.
Pero no es fácil ser como yo, (si es que eso estaban ustedes
pensando), los hombres módicos se llenan de rabia, de ira, de furia, de
arrebato, y me increpan mientras voy caminado como un dios. Otros me observan
con unos deseos malsanos y perversos, con deseos de degollarme, y hasta de
acribillarme. Los que tienen realmente en sus “corazones” es la envidia que los
corroe, y les amarga la sangre, convirtiéndolos en unos cobardes. Desean ser
como yo, y como no es posible semejante cuestión, pues, lo más “cómodo”, es el
odio, el rencor…
Pero la realidad es muy simple, las mujeres me desean tener
en sus aposentos, para realizar a diario la cópula perfecta, y al no tenerme
entre sus brazos cálidos, se sienten frustradas, derrotadas… Aunque debo de
manifestar que ellas (las preciosas) me comprenden perfectamente, y siempre me
lanzan piropos, cortejos, de una altísima calidad, por lo cual; siempre soy
atento, fino, elegante ante ese harem femenino. Las únicas féminas que me ven con
“malos ojos”, son las horripilantes, y rechonchas, o aquellas que no cumplen
con los requisitos para acostarse entre las sábanas de mi cuerpo ardiente.
“Mi falo erecto, Patrimonio Cultural de la Humanidad”.
Ja, ja, ja.
José Alberto Capaverde
El Seis.
ja ja ja. Saludos.
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