TRÍO LASCIVO.
Llegó Dalisa hasta mi cama, envuelta en llamas de pasión,
temblaba y ronroneaba. Vacía la cama. Yo había volado en búsqueda de su hermana
pues, siempre me esperaba con las piernas abiertas, los pezones erectos, y la
piel erizada...
Dalisa y yo hacíamos el coito a diario, y tumbábamos el
cielo, con nuestros movimientos, gritos, gemidos, y palabras sin
"sentido".
Su hermana, creo que se llamaba Daniela, olía desde
kilómetros a mis besos, a mi saliva, a
mi vaho, a mi aliento, y a ese perfume inconfundible de mi semen. Yo estaba
dentro de ella, no sólo cuando la penetraba, cuando la hacía mía, sino también
habitaba las nubes de su cerebro siempre...
Ambas hacían como que no conocían los hechos apasionados,
porque me necesitaban tanto, como yo a ellas...
Éramos un trío voluptuoso.
¡Pervertidos!, gritaba una mujer sin rostro, que vivía en un
departamento viejo, con olor a col y cebolla.
El Seis.
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