miércoles, 10 de agosto de 2022

GATA VERDE QUE LEVITA.

 




GATA VERDE QUE LEVITA.

 

De sus pechos salía niebla que escapa.

Era un fruto dulce y adictivo.

No una mandarina.

No un higo.

Dos toronjas dulces y ácidas, según la pasión.

Pulpa que maravilla.

Color rosado.

Jugo que embruja.

Olor que hace latir el corazón.

 

Un oasis en el desierto de los hombres.

Su saliva el mar que refresca.

Su boca agua de coco con ginebra.

La lengua una bailarina árabe descalza. 

 

Una palmera infértil solloza.

Los dátiles son lágrimas.

Llora el cielo leche materna.

El licor brota del suelo, como en sueños.

Pasa un camello volando.

Una tormenta de arena se aproxima.

 

El movimiento de sus caderas remolinos prófugos.

Una danza fatal que enamora o elimina.

El ritmo de sus carnes y huesos transporta al edén mítico.

Piernas que reman el mar negro.

Pies con alas que atraviesan los cielos de los enamorados.

 

Se suelta una lluvia feroz de libídine.

La progesterona son ríos que enloquecen.

El deseo es espectador ávido.

Un cactus se devora así mismo.

La mirada no alcanza, faltan mil ojos.

La voz se quiebra como espejo.

Nadie con ella.

Todos erectan sus ropajes.

 Sus manos acarician el aire.

 

Se aleja como levitando, es inalcanzable.

Un océano imposible.

Gata verde que aúlla.

Una aparición traicionera.

Alucinación del hachís.

Golpe de lujuria.

Calor vestido de perversidad.

 

Un ave cruza el cielo llorando.

 

 

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

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