A PROPÓSITO DE MI LITERATURA.
Quienes me conocen saben de qué no soy afecto a leer mi
literatura en público. Tengo varias razones para no hacerlo, pero antes
mencionaré algunos aspectos relacionados con la participación poética de mi
obra magnífica.
Es cierto, en algunas ocasiones (muy esporádicas) acepto leer
en alguna universidad, también alguna entrevista en radio. El motivo es que
cuando concurro a alguna preparatoria, o facultad, me interesa única y
exclusivamente por el gran número de las oyentes femeninas, lo cual es una
motivación extra para entregarme en cuerpo y alma, cuando la prosodia de mis
textos sale de mi gloriosa persona. Ver ese grupo de mujeres pendientes de mis
letras, y de mis movimientos, de mis gesticulaciones, hasta de mis locuras, es
un viaje extremadamente erótico.
Si no hay mujeres, y las que concurren son horripilantes,
prefiero suspender mi participación, se moleste quien así desee hacerlo.
También odio cuando mi público son una “parvada” de ancianos (as), y mujeres
gordas, que están “tratándose de cultivar en actividades culturales.
Me encanta en demasía cuando las adolescentes, (huelen a pura
sexualidad) se me acercan, con esos movimientos encantadores, para solicitarme
algún autógrafo, o sólo para hacerme alguna pregunta, ¡oh!, me siento en el
verdadero paraíso.
Y cuando acepto alguna entrevista en radio, tienen que
existir algunos factores interesantes para mi participación… Debo de tener
libertad total, es decir, puedo llegar en estado “inconveniente”, ya sea que haya
consumido ciertos licores de mi preferencia; o quizá que haya degustado alguna
droga, muy apreciada para mi ser esclarecido, hasta si así lo considero
necesario, en la cabina puedo estar inhalando cocaína. Además no me constriño a
ningún “formato”, jamás lo haría, pues como soy invitado, pues, contesto lo que
me interese, y de la manera que más me parezca conveniente hacerlo.
¡Soy todo un caso lo sé! Les comento todo lo anterior sólo
para llegar al corolario: ¿de qué es leer en público?: La poesía es para leerse
antes o después de haber hecho el amor, cuando aún tu respiración esté un poco
agitada, y estés invadido de ese sentimiento que causa ver a tu mujer recostada
en la cama, aún desnuda y con cara de satisfacción plena. Cuando la habitación,
cuál templo santísimo, aún conserve restos de saliva, los ecos “eternos” de
gemidos, los “ríos” de sudor que brotan de los cuerpos encendidos, los olores
galopantes, y esas cúmulo de palabras “incomprensibles”… Ahí en ese lugar
“sagrado”, tengo todo para lograr mi mejor lectura poética, pues, mi público es
mi mujer (es) en turno, el recinto es la cama, y yo… el guapo y sexual poeta.
De esta manera es como yo El Seis, me dedico a participar muy continuamente a
dar a conocer mi breve obra literaria, y me ha resultado muy interesante (y
placentero) este “método”, pues, de boca en boca, se van conociendo mis poemas,
y hasta la forma de sentirla, de expresarla…
Las mujeres son pródigas, todo lo que tocan se multiplica,
por ese motivo, mis textos, cada día, se van conociendo en más, más, países…
Y las camas de las lindísimas damas, siempre están mejor
adornadas, cubiertas con sábanas de seda, pétalos de rosas, todo, para la
espera de mi persona: el Vate El Seis. Esa es la única forma en que a mí, me
gusta, me encanta, me fascina leer mis inquietantes y eróticos relatos.
Así pues, queda invitada cualquier mujer que sea joven,
bella, erótica, exquisita, libre, emancipada mental, para invitarme (cuando lo
desee) a leerle los más estéticos poemas en su alcoba…
José Alberto Capaverde
El Seis.

Y que no esté obesa.
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