LA SANTA ERÓTICA
El cielo está encapotado, y este día parece que él mismo,
intenta dejar de ser la bóveda celeste, como que de tanto “estar ahí”, sufre de
soledad perpetua. Hasta muestra en su “rostro índigo”, ese descontento eterno,
y de vez en cuando cambia de color, y llora
tormentas eléctricas. No se come a sí mismo, sólo porque se encuentra tan
fastidiado, como para intentar semejante actividad, que requiere sin duda de un
gran esfuerzo. Allá a los lejos el sol escondido, sufre de calosfríos
dolorosos, y en ese estado, ni siquiera intenta mostrar alguna parte de su
cuerpo de fuego. La luna ebria, se está desmoronando toda, entre sus “pasiones
desmedidas”, pues extraña tanto (hasta la locura), a su siempre amado: El astro
rey… Todo el universo está como colérico. Hoy llueven arco iris dopados, nubes
multiformes, polvos cósmicos, y un sinfín de meteoritos ebrios. Esto lo pueden
ver, sólo quienes miren hacia arriba, allá donde “empieza lo posible”, y donde
los hombres con “esperanza” nunca dejan de lanzar sus ojos, con la ballesta de
su ser… Pero existen algunos hombres que siempre están “como pegados”,
“enraizados”, a la tierra, y jamás, nunca, elevan su mirar hacía las alturas
siderales. Hay como una zozobra peligrosa, que invade el todo.
Las pasiones de los hombres son tantas y de todas clases, que
acá, en el cuadrilátero de la vida, se dirimen, de buena o mala lid, se piensa
(la mayoría) ¡qué no importa cómo!, pero se debe de cumplir con sus
expectativas de origen. Por ese motivo
es común y hasta frecuente, que la forma más eficaz, para lograr su
bienaventurada “empresa”, sea la mentira vil, la traición en todo su esplendor,
y hasta la puñada trapera… Humanos agrestes, pendencieros, forajidos, rústicos,
que en combate desiguales, se tratan de aniquilar unos a otros, para caer
heridos o “victoriosos”, en el lodo de su sangre plebeya…
La vida grita, aúlla, gime, y hasta se come así misma.
Los comunes no tienen otra perspectiva. Son “hombres” en
blanco y negro...
Acá cerca de una laguna se levanta una pasión (encendida),
que vuela entre las paredes pintadas de blanco, luego revota inquieta, por
doquier, en busca de un receptor (con talento), que la atrape, y la consuele…
Arde todo el pueblo, y huele a pura sexualidad. Es María Helena, que llena de
voluptuosidad, se mueve “enloquecida” a todo lo ancho (y largo) de la cama,
mostrando su perfecto cuerpo, el cual, necesita un poco… de amor. Sus piernas
se entrelazan, sus pezones se endurecen y se ponen firmes, su piel se eriza, y
las palpitaciones de su corazón parece que gritan: ¡Ven, ven… aquí te espero
amado mío! Sus manos delgadas (como falos erectos), recorren cada centímetro de
su cuerpo anhelante, desde los dedos de los pies, hasta la nuca blanca. En ese
lecho de fogosidad, se encuentra la más bella melodía de gemidos, que jamás
oídos hayan escuchado. Las gesticulaciones de su rostro, cambian como las
nubes, a su puro capricho, y con mayor intensidad, aparece una mueca como de
una Santa Erótica. Ella es la iglesia, y los gritos, gemidos, aullidos, son la
letanía necesaria, para rendir tributo al Dios Lúbrico. Ahí donde ella realiza
la misa amorosa, no hay soledad, hay un canto de ángeles excitados, que con sus
presencias imperceptibles, cuidan tan sagrado acto. Cuando termina su actividad
sexual, y corren los líquidos entre sus piernas, y lanza el último grito
bendito, es como si fuese (el sonido), de una límpida campana llorona.
Allá afuera los “hombres” juegan a los negocios, para
incrementar sus riquezas materiales, y así encontrar la felicidad… Otros se
entretienen levantando la copa de Dionisos, con sus amigos, mientras comentan
tantas, tantas, cuestiones triviales… Un grupo de “deprimidos” se esconden
dentro del hueco de su cerebro, llorando toda su vida, como unos cobardes.
Algunos pierden su tiempo (de una manera que espanta) en hacer planes para el
futuro, y “así” intentar de mejorar su situación actual. Y la mayoría toma el
transporte urbano (presurosos) para llegar a sus trabajos insulsos, y mal
pagados.
Mientras, hay miles de camas con mujeres encendidas, como
cirios, esperando mucho, mucho amor…
Miles de gemidos (de mujeres) vuelan sobre el lomo de la
tierra/Los gritos de las féminas se pegan sobre la cara de la luna
eclipsada/Las pieles erizadas y cálidas de damas excitadas, están prestas y
dispuestas, para ser tocadas con manos de fuego/Los pezones erectos de las
divinas hembras, se encuentras en su punto, para ser lamidos, y succionados,
siempre…/
José Alberto Capaverde.
El Seis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario