lunes, 10 de octubre de 2022

DEMONIO VOLANDO CON ALAS METÁLICAS.

 




DEMONIO VOLANDO CON ALAS METÁLICAS.

 


Yo no lloro lágrimas, es aluminio derretido, lo que sale de mis ojos de demonio.

 

Yo no observo el mundo, así como todos, veo crecer el césped, respirar las flores, hablar las sandías, masturbarse a la luna, y parir las nubes.

 

Yo no respiro oxigeno de ese, que todos lo almacenan en sus pulmones, yo inhalo petróleo, gasolina, y carbón...

 

Yo no camino como todo humano, siempre salgo volando, con mis alas de metal, surcando las azoteas de la ciudad, buscando una mujer desnuda, que pronuncia mi nombre maldito.

 

Yo no tengo corazón, de eso me di cuenta, desde que era un adolescente perverso, en cambio, tengo ahí una caverna, donde se escuchan canciones de blues, y un ebrio saxofón.

 

Yo no tengo sentimientos, los míos,  son como cruces y símbolos de alguna vieja parroquia, que fue destruida, incendiada, por la muchedumbre enardecida, porque ahí había un pagano.

 

Yo no hago el amor como lo hacen todos, me convierto el lobo, poseo como león, acaricio como tigre, y penetro los huecos de las mujeres hermosas, como serpiente.

 

Yo nunca me he enamorado de una sola mujer, no tengo esa capacidad, me gusta de ellas todo, su cálida y resbalosa saliva, su vaho calentito, su áurica orina, su leche materna, y su sangre menstruante.

 

Yo no vivo como todos lo hacen, mis ojos ven a través de las vestidos y corpiños, bragas, batas, mi olfato percibe cuando están excitadas y dispuestas, prestas, mis manos encuentran los lugares específicos donde gritan sus pasiones y anhelos, mi lengua saborea el sudor de las pieles erizadas de las bellas y exquisitas damas, mujeres, hembras, féminas, doncellas, chicas, cortesanas.

 

Yo no las obligo que pronuncien los nombres de sus esposos, parejas, amantes, mientras les hago el amor como salvaje, ellas lo hacen como un homenaje a mi demoníaca y demente persona.

 

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

sábado, 1 de octubre de 2022

PERVERSIARIO.

 






PERVERSIARIO.

 

En una ocasión (en España) un profesor me invitó a leer literatura a sus alumnos del doctorado:

Me presentó de la siguiente manera: Nuestro invitado es El Seis, un excelso poeta.

La muchedumbre aplaudió.

 

Contesté seriamente, antes de iniciar a leer: No, no soy poeta, soy proxeneta.

Quise dejar aclarado de una manera fehaciente mi profesión, no me gustan las confusiones.

Una vez aclarada la situación me puse a leer mis gloriosos textos, y las palabras penetraban los huecos de las alumnas, y se metían en sus corazones, y atrapaban sus almas.

Ellas abrían sus piernas y bocas, y sentían descargas eróticas en todos sus cuerpos, se movían como poseídas, y dejaban que las acariciara el falo de mi voz.

Sus ojos desorbitados, mostraban el estado magnifico de su excitación, como si la fonética las poseyera.

 

El sujeto, el verbo, el predicado, el adjetivo, los pronombres, adverbios, volaban y se pegaban en sus pechos, en sus labios, en sus caderas, en sus glúteos, y hasta en sus vulvas.

 

Todo era perfecto.

El entorno olía a mujer lujuriosa.

 

Se veían corpiños, bragas, ligueros, medias, vestidos, faldas, blusas, zapatos, que cubrían esos cuerpos en llamas.

 

Me aplaudieron, pero no con las manos, fue con deseos, con lascivia, con pasión, con anhelo, con la carne, con la sangre, con los huesos, con los labios de la boca y de la entrepierna...

 

Yo tenía mi trono del poder erecto, poderoso, duro, ese era el pago de mis honorarios, por leer en esa universidad.

 

Las dejé en estado de gracia, iluminadas.

 

Luego, me quedé ahí, sentado, como un Dios.

 

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

martes, 27 de septiembre de 2022

MUJER DESNUDA QUE HUELE A VAINILLA.

 






MUJER DESNUDA QUE HUELE A VAINILLA.

 

 

Ella tenía una obsesión por los latidos de mi corazón, lo sentía en todas sus partes: en su rostro de diosa hindú, en sus pechos de luna, en sus caderas rítmicas, y en su entrepierna hirviendo.

 

En su cuerpo había pasión desbordante, una laguna inquieta de lujuria, un bosque lleno de flores blancas con olor a almizcle, y de su pelo caían cascadas de delirios y extravíos.

 

Era una mujer con olor a vainilla y ausencias, brotaban gemidos de su ser como aves decapitadas y desplumadas, cuando hacía el amor, hasta el viento se excitaba y temblaba.   

 

El misterio de su poder además de su belleza, era sus piernas largas de ensueño, en su espalda perfecta había sombras de amores, de ronroneos, de aullidos, de saliva burbujeante, de vaho babeante.

 

 

Palmeras que dejan caer sus frutos sobre los enamorados.

 

No hay sol, sólo la luna sale de ronda.

Bajo un poste una mujer se vende, un vestido rojo le viste la piel.

Un hombre de traje raído va llorando sus desgracias, lleva en sus manos un ramo de flores marchitas.

Una dama siente su anillo de casada, mientras besa a su amante.

Una cortesana huele a axilas y ano, y llena el entorno de maravillas, como de santidad oscura, deliciosa.

 

Una adolescente festeja que es puro cuerpo, y ni siquiera cree que tiene espíritu...

 

Era un mar embravecido, con olas altas, peligrosas, donde todos deseaban nadar desnudos, sumergirse hasta el fondo, cruzarla toda, traspasarla con los remos de las manos, beberla y saborearla, y hasta ahogarse en su regazo salado. 

 

Llorar anhelos inalcanzables.

Entregarse a una sombra.

Darle toda tu vida, aunque la tengas destrozada.

Llanto de cempasúchil y semen.

Árbol donde se aparean las ardillas y serpientes.

Nubes panzonas, infladas, grises, que paren perversiones. 

 

Un joven camina enloquecido de amores, mientras sigue a una dama de nalgas exquisitas y cadenciosas.

 

Ella no tiene sombra.

Existe sollozando sexo.

 

 

Un buitre se aleja desconsolado.

Y una paloma se desnuda.

 


José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

viernes, 9 de septiembre de 2022

TU CUERPO ES UN CÁLIZ VACÍO.

 






TU CUERPO ES UN CÁLIZ VACÍO.

 

Nada era amor, ni siquiera pasión mediana.

Parecía que sólo quedaba un recuerdo lejano.

Desamor, y torbellinos de orgasmos sepultados.

Sólo cruces metálicas, cargaban sobre el mar de sus sexos.

El cáliz estaba lleno de lágrimas y ostias negras.

Sus corazones ya no palpitaban deseos, ni suspiros lúbricos.

Árbol que llora odio.

Viento que rasguña.

Vendaval onanista.

Enredadera que sube y busca un cuerpo cálido.

 

Sexualidad escondida bajo la piel, que no emerge nunca.

Vestimentas medievales, que cubren todo el cuerpo "pecaminoso".

Contener con rezos en latín, la sangre y la humedad que brota como manantial.

Flagelarse cuando llega la voluptuosidad, y repetir letanías de arrepentimiento.

Morderse los labios hasta que sangren, y jamás besar otros prometedores y carnosos.

Cuerpos suculentos y exquisitos, que las mentes los esclavizan.

Manos que acarician piedras y camisas de fuerza, en lugar de muslos en llamas.

Lenguas que sólo sirven para alabar dioses muertos, y no para lamer pieles, huecos, labios...

Juntar en un recipiente de nubes los coitos no realizados.

 

Se miran y se penetran los pájaros ebrios de cielo.

Las flores abiertas de piernas esperan un colibrí, para que las chupe.

Se caen los frutos excitados y se despojan de sus vestidos de cascaras, muestran su desnudes...

Seis árboles mueven sus ramas placenteramente, y arrojan lluvia de hojas y semillas.

Se retuercen entre el pasto fresco dos conejos que copulan, y su pelaje brilla.

 

Las nubes muestran sus traseros.

El sol se masturba en llamas.

La luna muestra sus pechos de plata.

 

Y el cielo lanza el semen como lluvia.

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

miércoles, 31 de agosto de 2022

LLEGÓ VESTIDA DE DILUVIO.

 



LLEGÓ VESTIDA DE DILUVIO



Sombras perpetuas
Glaciales
Rondaban su triste figura
Mientras una lluvia de mariposas
Negras
La cubría toda
(De funestos presagios).
Traía en el océano de sus ojos
Un maremoto embravecido
Donde saltaban enloquecidos
Ebrios
Los peces de sus deseos.
Todo su cuerpo era un gélido mar
Lleno de vientos lejanos
Donde avanzaban furiosos
Los osos de sus furias
Perrunas…
Su rostro estaba compuesto
Por un sinfín
De ríos caudalosos
Los cuales arrastraban
Inclementes
Innumerables troncos
Ramas
De lágrimas frenéticas
Enardecidas…
Cuando se levantó
En completo desafío
Buscando la profundidad
De mis ojos
De ser náutico
Se convirtió
En miles de olas encrespadas
Cuando se percató
Que yo
Su amado
Me había convertido
En un hombre de asfalto.

Después se fue desecando
En aullidos polvorosos
Convirtiéndose en lodo
Apocalíptico
En grietas inquietas
Perversas
En tolvaneras delirantes
Negras
En Muerte…




José Alberto Capaverde. 


EL SEIS.

sábado, 13 de agosto de 2022

AMANTES CLANDESTINOS.

 









AMANTES CLANDESTINOS.

 

No nos amamos, ni tampoco tenemos una relación duradera,

(esa la tienes con tu esposo), pero cuando hacemos el amor,

tiembla el universo.

 

Él te lleva al tálamo nupcial.

Yo te llevo a la clandestinidad de un motel lejano y barato.

Él es un ciudadano "brillante", y adaptado.

Yo soy un loco "peligroso" que se fugó del manicomio.

Él preside la sociedad de padres de familia.

Yo soy un vampiro majestuoso de la urbe, o un felino verde.

Él trabaja en una oficina, donde hay humanos serviles.

Yo tengo que vigilar la perfección del cosmos.

Él tiene no uno sino varios autos de lujo, que ruedan el suelo.  

Yo vuelo, tengo alas en los pies.

 

Nunca te prometí nada, ni siquiera otra noche más.

Jamás mis labios han comprometido mi permanencia.

Ni mi mirada desea estar viéndote siempre.

Mis abrazos nunca son de volveré.

 

Lo que hacemos tú y yo tiene ese sabor de incertidumbre.

Gozamos el momento sexual con todas las malditas ganas.

Nos entregamos con todo el cuerpo y alma, hasta volar.

Es como verse de sorpresa y aprovecharse hasta lo imposible.

Es un choque de seres humanos que como bestias se devoran.

No hacemos el amor, copulamos como "demonios" lujuriosos.

Cuando nos vemos nuestros seres se atraen como imanes de carne.

 

Tú eres la mejor esposa de un hombre de portafolio y corbata.

Él es feliz y hasta afortunado de tener una familia, soda y pizza.

Yo vuelo sobre la ciudad mirando sus tejados.

 

No he dejado nada en tu corazón ni siquiera un recuerdo.

No he prometido nada ni siquiera que volvería.

 

Pero así lo entendemos, que el día que nos reúna la ventura,

nos amaremos como salvajes, no de esos que adoran a la luna,

a la luz de las antorchas, y el sonido de los tambores,

sino al poder de la lascivia. 

 

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.

miércoles, 10 de agosto de 2022

GATA VERDE QUE LEVITA.

 




GATA VERDE QUE LEVITA.

 

De sus pechos salía niebla que escapa.

Era un fruto dulce y adictivo.

No una mandarina.

No un higo.

Dos toronjas dulces y ácidas, según la pasión.

Pulpa que maravilla.

Color rosado.

Jugo que embruja.

Olor que hace latir el corazón.

 

Un oasis en el desierto de los hombres.

Su saliva el mar que refresca.

Su boca agua de coco con ginebra.

La lengua una bailarina árabe descalza. 

 

Una palmera infértil solloza.

Los dátiles son lágrimas.

Llora el cielo leche materna.

El licor brota del suelo, como en sueños.

Pasa un camello volando.

Una tormenta de arena se aproxima.

 

El movimiento de sus caderas remolinos prófugos.

Una danza fatal que enamora o elimina.

El ritmo de sus carnes y huesos transporta al edén mítico.

Piernas que reman el mar negro.

Pies con alas que atraviesan los cielos de los enamorados.

 

Se suelta una lluvia feroz de libídine.

La progesterona son ríos que enloquecen.

El deseo es espectador ávido.

Un cactus se devora así mismo.

La mirada no alcanza, faltan mil ojos.

La voz se quiebra como espejo.

Nadie con ella.

Todos erectan sus ropajes.

 Sus manos acarician el aire.

 

Se aleja como levitando, es inalcanzable.

Un océano imposible.

Gata verde que aúlla.

Una aparición traicionera.

Alucinación del hachís.

Golpe de lujuria.

Calor vestido de perversidad.

 

Un ave cruza el cielo llorando.

 

 

 

José Alberto Capaverde.

 

El Seis.